El Reino de Marruecos ha inaugurado oficialmente la trigésima quinta edición de la Copa Africana de Naciones (CAN), convirtiéndose en el epicentro del fútbol continental, con una organización logística sin precedentes que busca marcar un antes y un después en la historia del torneo.
El torneo arrancó el domingo 21 de diciembre en el Estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat con una ceremonia inaugural que destacó por un despliegue tecnológico y cultural. Tras ello, el príncipe heredero, Moulay El Hassan fue el encargado de oficializar el pistoletazo de salida al bajar al césped del terreno del juego para dar un toque al balón, un gesto que simbolizó el comienzo formal del campeonato. El partido inaugural enfrentó a la selección anfitriona, conocida como “Los Leones del Atlas” y Comoras, un encuentro que se saldó con la victoria del combinado marroquí (2-0).
Este arranque, con sello real, pone de manifiesto la apuesta total del Estado marroquí por el ámbito futbolístico. La CAN trasciende meramente lo competitivo para consolidarse como un desafío nacional integral. El evento servirá para medir la capacidad del país en diversas áreas y se perfila como el preámbulo indispensable para validar su preparación logística y política rumbo a la cita mundialista de 2030.
Con una inversión masiva de casi 2.000 millones de euros en infraestructura, el país ha ejecutado una transformación logística que incluye la construcción o rehabilitación de estadios, como los de Rabat, Casablanca, Tánger, Fez, Marrakech y Agadir, junto con la modernización de terminales aeroportuarias y la expansión de su red ferroviaria de alta velocidad, para garantizar una movilidad fluida entre sedes. Este despliegue no solo busca el éxito deportivo, sino validar un modelo de seguridad inteligente y eficiencia económica que demuestre al mundo la madurez de Marruecos para gestionar grandes flujos de visitantes y exigencias tecnológicas globales, convirtiendo cada partido en un examen político y social sobre su capacidad organizativa de cara a la próxima década.
Cada una de las 24 selecciones ha sido objeto de una recepción que combina la máxima seguridad con la tradicional hospitalidad marroquí. Desde el aterrizaje de las delegaciones, Marruecos, en coordinación con la Confederación Africana de Fútbol, ha brindado una hospitalidad de élite que incluye recibimientos personalizados con comitivas oficiales y grupos folclóricos, cuya música y danzas tradicionales buscaron transmitir un potente mensaje de unidad y hermandad continental. Asimismo, se ha garantizado, por primera vez, una infraestructura exclusiva con hoteles de cinco estrellas y centros de entrenamiento privados para cada selección, asegurando así el máximo confort y concentración durante el torneo.
Mientras, las ciudades sede han decorado sus calles con las banderas de todas las naciones participantes. La campaña nacional «Welcome Football, Welcome Fans» no solo se dirige a los jugadores, sino también a los miles de aficionados que acompañan a sus equipos, ofreciendo zonas de seguidores (fan zones) interactivas que enriquecen la experiencia del torneo.
Si bien todo augura un impacto económico positivo, tras registrar una ocupación hotelera que supera el 90%, este evento también actúa como una plataforma de promoción turística mundial. Este dinamismo refuerza la imagen del país como un destino seguro y moderno.
La competición se extenderá hasta el 18 de enero de 2026, día en que se disputará la gran final en la capital. Marruecos, que no gana el título desde 1976, parte como uno de los grandes favoritos, pero deberá enfrentarse a potencias como Egipto, Senegal y Costa de Marfil.
Salma Kalil
