Las voces ausentes del Sahara Occidental, por Zahra Rahmouni

24/06/2026 | Crónicas y reportajes

 

Cada año, en octubre llega el clima fresco, los cafés se llenan de jarabe y el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York se transforma en escenario de tensas deliberaciones sobre la renovación de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO).

Este año, el Consejo de Seguridad (CSNU) adoptó la Resolución 2797, renovando el mandato de la MINURSO por 35 años, pero con un cambio… el Consejo respaldó formalmente el Plan de Autonomía de Marruecos de 2007 como «la solución más viable», en lugar de mantener el énfasis en un referéndum de autodeterminación total.

Seguí la cobertura internacional y algo me llamó la atención. Dediqué bastante tiempo a buscar voces saharauis que cubrieran la batalla diplomática que se desarrollaba en la ONU, pero, salvo algunos medios españoles, no tuve mucho éxito.

Abundaban los «expertos regionales» y los «observadores del Magreb». Algunos estaban bien informados, otros eran parciales. Pero era increíblemente difícil escuchar a los propios saharauis, ya fuera en los territorios ocupados, las zonas liberadas, los campos de refugiados de Tinduf en el suroeste de Argelia o en cualquier otro lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude encontrar las opiniones de las personas cuyo futuro se estaba negociando en Manhattan.

Entonces surgieron preguntas muy obvias: «¿Por qué están ausentes las voces saharauis?» y «¿Qué piensan los saharauis, los más directamente afectados por las negociaciones políticas, sobre lo que está sucediendo?».

Así que contacté con varios activistas y les planteé esas mismas preguntas.

Tiba Chagaf, una saharaui de 50 años que vive entre los campos de refugiados de Tinduf y España, reveló que, «En la semana previa a la votación de la resolución, el pueblo saharaui salió a las calles en manifestaciones masivas, rechazando cualquier propuesta que no garantizara su derecho a decidir su propio futuro«.

Para Chagaf, figura destacada de la vida cultural saharaui, «aceptar la autonomía tras 50 años de resistencia en el exilio es impensable». Argumenta que la resolución la plantea de tal manera que «alguien entrega algo que no le pertenece a alguien que no tiene ningún derecho sobre ello».

Sus declaraciones se refieren al acuerdo alcanzado entre la administración Trump y la monarquía marroquí, que intercambió la normalización de las relaciones internacionales entre Marruecos e Israel por el reconocimiento estadounidense de la reivindicación marroquí sobre el Sáhara Occidental. El acuerdo fue ratificado en diciembre de 2020 con la firma por parte de Marruecos de los Acuerdos de Abraham.

Los saharauis son plenamente conscientes de que su lucha por la autodeterminación choca con los intereses políticos y económicos de las principales potencias occidentales. Y esto es aún más cierto ahora que el Sahel atraviesa un período de intensa turbulencia geopolítica, impulsado por golpes de Estado y la proliferación de movimientos yihadistas.

Ahmedna Abdi Mebarak, un activista saharaui de derechos humanos de 26 años, afirma que la Resolución 2797 es «una maniobra política de Estados Unidos, que utilizó el Sáhara Occidental como moneda de cambio en beneficio de Israel».

Nacido en los campos de Tinduf, reside actualmente en Francia, desde donde recuerda el papel fundamental que desempeñó el expresidente Jacques Chirac (1995-2007) en la elaboración del plan de autonomía de Marruecos de 2007. El expresidente francés, ya fallecido, mantuvo excelentes relaciones con el rey Hassan II y, posteriormente, con su hijo, el actual rey de Marruecos, Mohammed VI. Incluso después de finalizar su mandato, era de dominio público que él y su esposa se alojaban con frecuencia en hoteles de lujo marroquíes puesto a su disposición por el monarca. Aun entonces, el discurso dominante en Francia solía elogiar a Marruecos por su «estabilidad» y su papel como aliado de Francia.

Mebarak critica esta postura, argumentando que Francia ve a Marruecos como una herramienta para promover sus intereses. En su opinión, la antigua potencia colonial «sigue buscando una vía para expandir su influencia en el Magreb y en toda África«.

Curiosamente, a pesar de las reiteradas violaciones del derecho internacional por parte de las superpotencias, los saharauis con los que hablé afirman que siguen confiando en las instituciones jurídicas africanas e internacionales. Su principal guía, insisten, sigue siendo la Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU, adoptada en diciembre de 1960, que exige la independencia de los países y pueblos colonizados.

También destacan la ambigüedad de la última resolución del Consejo de Seguridad, que extiende el mandato de la MINURSO, pero que al mismo tiempo «insta a las partes a entablar conversaciones sin condiciones previas y sobre la base de la propuesta de autonomía de Marruecos».

«Son cuatro páginas de un plan que ni los saharauis ni los marroquíes conocen realmente. Nadie entiende qué implica el plan de autonomía», insiste Mebarak.

La falta de detalles es, como era de esperar, una constante en el conflicto del Sáhara Occidental, que a menudo se describe en los medios occidentales como de «baja intensidad». La última colonia de África rara vez aparece en primera plana. Y cuando los medios lo cubren, suelen adoptar la narrativa marroquí. En Francia, por ejemplo, país que votó a favor de la Resolución 2797 en el Consejo de Seguridad de la ONU, la cobertura mediática varía considerablemente según la línea editorial del medio. Los medios considerados de derecha tienden a mostrarse favorables a Marruecos. Solo las políticas editoriales progresistas o de izquierda dan mayor cabida a las perspectivas saharauis, como Mediapart o L’Humanité. Estos medios son objeto de un estrecho control por parte de redes de influencia marroquíes en Francia.

Por ejemplo, durante el escándalo del software espía Pegasus, se reveló que la periodista sénior de L’Humanité, Rosa Moussaoui, quien ha cubierto la situación en el Sáhara Occidental durante años, se encontraba entre las personas cuyos teléfonos fueron objeto de espionaje por parte de las autoridades marroquíes mediante el software espía israelí.

Estas tácticas de intimidación van acompañadas de campañas de desinformación en redes sociales y campañas de difamación en medios marroquíes afines al gobierno. Le360 calificó a Moussaoui como «Madame Polisario» y «la voz más hostil contra Marruecos», mientras que Barlamane acusó a Le Monde, a los periódicos españoles El Independiente y El Español, y a Middle East Eye de promover una «narrativa hostil hacia Marruecos».

¿Su «ofensa»? Publicar mapas que muestran la frontera entre Marruecos y el Sáhara Occidental o utilizar el término «territorios ocupados» para referirse a la zona controlada por Marruecos.

Mebarak también explica los intentos de silenciar las voces saharauis sobre el terreno, incluso en Francia. «Cada protesta, cada conferencia, cada evento universitario, todo lo que publicamos en redes sociales se transmite rápidamente al consulado, que luego moviliza a nacionalistas marroquíes para interrumpir o paralizar nuestras actividades», afirma. En 2020, una manifestación prosaharaui en París degeneró en violencia cuando contramanifestantes promarroquíes organizaron una concentración simultánea en el mismo lugar.

Sin embargo, lo que aprendí de esas conversaciones otoñales fue que ninguna cantidad de intimidación, cálculos geopolíticos o narrativas mediáticas dominantes logrará silenciar por completo las voces saharauis. Y, lo que es más importante, mientras permanezcan excluidas de las decisiones que moldean su futuro, no se podrá encontrar una solución duradera para el Sáhara Occidental.

Zahra Rahmouni

Fuente: Africa Is a Country

[Traducción; Jesús Esteibarlanda]

[CIDAF-UCM]

Autor

  • Periodista independiente franco-argelina que cubre noticias políticas, económicas y sociales de Argelia para varios medios de comunicación internacionales. (Fuente: Africa Is a Country)

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