Lagos es único pero no en la forma en que la gente piensa

24/01/2023 | Crónicas y reportajes


Los aspectos de Lagos que a menudo son vilipendiados son excepcionales solo en su escala.

lagos_nigeria_mapa_cc0.jpgCuando digo que viajo a Lagos, las personas que solo conocen la imagen pública de la ciudad suelen hacer una mueca. «¿Por qué querrías ir allí?» “He oído que la corrupción es terrible”. «¿No es peligroso?» preguntan incluso los de mi actual ciudad de Johannesburgo, una ciudad con los peores crímenes violentos.

Los nigerianos están muy familiarizados con tales percepciones y no tienden a cuestionarlas. Son muy conscientes de todo lo que está mal con su capital comercial, que pasó de ser una pequeña ciudad portuaria a convertirse, a la velocidad de la luz, en el rey indiscutible de las megaciudades de África. Reconocen que la corrupción y la extorsión son omnipresentes aquí. Que pocos lugares albergan a tan ingeniosos estafadores. Y que ni siquiera puedes pensar en tener una cita en el otro lado de la ciudad a menos que estés preparado a sentarte durante cinco horas en el tráfico.

Los habitantes de Lagos entienden por qué la ciudad se encuentra con frecuencia cerca de los peores índices de calidad de vida. Y, sin embargo, también se enfurecen ante la sensación de excepcionalidad asociada a Lagos y la implicación de que la ciudad de 20 millones de habitantes puede, de alguna manera, ser descartada como un caso perdido sin nada que enseñar a las otras metrópolis del mundo.

Tienen razón para enfadarse. Las presiones que crearon y continúan esculpiendo la inmanejable megaciudad dieron también forma al mundo moderno: una brutal historia de ser utilizada como puerto de comercio de esclavos por potencias europeas; colonización enteramente con fines extractivos por parte de Gran Bretaña; el desastroso descubrimiento de petróleo justo antes de la independencia; una economía globalizada que otorga un poder más o menos completo al capital financiero y del que la mayoría de los habitantes de Lagos han quedado fuera.

Incluso hoy, las dinámicas que hacen de Lagos un lugar difícil para vivir no son exclusivas de Nigeria. Por ejemplo, el sistema económico de la ciudad favorece a un puñado de ricos oligarcas a expensas de todos los demás. Esta élite se divierte, evade impuestos, sale y regresa a voluntad en aviones privados y bebe champán importado, todo financiado por monopólicos intereses comerciales con buenas relaciones en complicidad con el Estado. Utilizan el mercado inmobiliario para ocultar las ganancias de corrupción, lo que significa que los alquileres nunca bajan a pesar de décadas de furiosa construcción en los lugares más deseables de la ciudad.

Envían a sus hijos a elegantes escuelas en el extranjero mientras que el sistema educativo en casa sufre una falta crónica de financiación. ¿Algo de eso suena único? ¿No podría describir igualmente otras muchas ciudades, especialmente (seamos honestos) Londres?

El hecho es que el corrupto capitalismo oligárquico, que no rinde cuentas a nadie, que gobierna Lagos se ha apoderado también del mundo en los últimos 40 años a medida que los multimillonarios han moldeado el sistema internacional para eliminar las restricciones sobre cómo operan y eximirlos de retribuir a la sociedad de las que se aprovechan. El sistema extraterritorial de paraísos fiscales a través del cual las élites nigerianas esconden su botín está centrado en Londres y sus dependencias de la corona, así como en Suiza y docenas de otras jurisdicciones internacionales secretas.

universidad_de_lagos_nigeria_cc0-2.jpgCierto, el tráfico de Lagos es espantoso. La ciudad ocupó el primer lugar en el índice de tráfico de Numbeo a mediados de 2022 pero, curiosamente, la rica ciudad de Los Ángeles quedó en segundo lugar. ¿Qué tienen en común? Una lamentable falta de inversión en transporte público. Las autoridades de Lagos han luchado admirablemente para controlar su tráfico en las dos últimas décadas ampliando las autopistas y construyendo carreteras y puentes adicionales. El problema es que, en cuestión de meses, vuelven a estar llenos de tráfico como en Los Ángeles. Quizás la mejor oportunidad de Lagos hasta la fecha podría ser un sistema de transporte de masas centrado en el ferrocarril ligero que espera abrir finalmente el próximo año.

Incluso con la mejor voluntad del mundo, seguir con el frenético ritmo de crecimiento de Lagos sería casi imposible. Londres tardó todo el siglo XIX en multiplicar por siete su población. Lagos es ya 65 veces más grande que en 1950. Y esta expansión continuará a medida que el cambio climático y la inseguridad empujen a más agricultores a abandonar sus cultivos y dirigirse a la ciudad. Pero, nuevamente, esta es una tendencia global, aunque con el pie en el acelerador en Lagos. En esta década, las ciudades se han convertido en el hogar de más de la mitad de la población mundial, una cifra que se espera aumente a dos tercios para 2050.

Entonces, ¿qué hace que Lagos sea único? Es mejor que consideres su asombrosa creatividad artística y musical, su vida literaria, su industria cinematográfica y sus originales modistos. El propósito de mi más reciente viaje a Lagos fue asistir al festival Aké Arts and Booke Festival. Fue una fiesta de ilustrados debates sobre conciencia negra, feminismo, narración y literatura, con música en vivo y recitales de poesía. Se celebraban, al menos, otros dos festivales culturales al mismo tiempo, y recordé que esta infatigable vitalidad era la razón por la que me resultó tan difícil dejar Lagos después de haber vivido aquí entre 2011 y 2015. La industria de música pop de la ciudad también ha conquistado el mundo, algo que ni siquiera el mago musical de la década de 1970, Fela Kuti, logró hacer. Y todos sabemos lo prolífica que es su industria cinematográfica exportando su producto a todo el continente y su diáspora. Solo en 2020, Nollywood produjo unas 2.500 películas que representaron 7.000 millones de dólares en ingresos para Nigeria. El dinamismo de los empresarios de Lagos es legendario, o al menos debería serlo.

Otro aspecto único de Lagos, del que rara vez se habla, es su notable tolerancia religiosa, un término que parece demasiado débil para la forma en que la ciudad mantiene tan harmoniosamente unidas tantas religiones. De unos 20 millones de habitantes de Lagos, aproximadamente la mitad se identifica como cristiano y la otra mitad como musulmán. Tradicionales creencias politeístas, en su mayoría yoruba, están también muy extendidas, adoptadas a menudo como complemento de los monoteísmos, que a su vez están divididos en diferentes comunidades religiosas. Nigeria tiene muy mala fama por los conflictos religiosos, una reputación que en realidad es algo injusta, pero Lagos no lo es. La ciudad estalla, a veces, en violencia por la tierra, la criminalidad o el origen étnico, pero nunca por la religión. Esta es una ciudad en la que personas de fe islámica y cristiana se mezclan y se casan todos los días. Me pregunto si habrá algún lugar en el mundo con un número tan grande de cristianos, musulmanes y politeístas viviendo todos juntos en paz.

Lagos es único pero no en la forma en que la gente piensa.

Tim Cocks@timcocks

Fuente: African Arguments

[Traducción, Jesús Esteibarlanda]

[CIDAF-UCM]

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