El teólogo estadounidense TJ Williams Hauger, en su artículo Necesitamos aprender nuevamente de la tradición de la Iglesia Negra, se apoya en su experiencia en la tradición de la Iglesia negra para reflexionar acerca del papel desempeñado por los líderes políticos hoy en día. Hauger señala cómo fueron sus padres, evangélicos, quienes lo educaron en una fe caracterizada por la importancia del control y el conocimiento espiritual para colaborar en la lucha por la justicia social y los derechos civiles. A través de esa educación, sus padres buscaron que comprendiera el mal presente en la sociedad y en la política; la corrupción moral promovida por el poder y experimentada por gran parte de los protagonistas del orden mundial actual. En contraste con esta realidad, su padre siempre le hablaba de la importancia de que un líder tuviese un juicio espiritual sano para poder luchar contra la maldad.
A partir de esta perspectiva, Hauger critica el discurso en expansión de la falsa ideología de la supremacía blanca, promovido sobre todo por Donald Trump, a quien describe como el rostro de una nación aria moderna. Habla del caso de los ataques aéreos contra Nigeria en el día de Navidad o la agenda llevada a cabo contra Sudáfrica, queriendo aislar internacionalmente al país, violando su soberanía, bajo el pretexto de querer defender a la población blanca cristiana del país. Habla también de la intransigencia con el resto de África y otros casos como la situación con Venezuela o el caso Epstein, como ejemplos de acciones y valores que alejan mucho a Trump de ser un buen líder, un líder espiritual.
Consecuentemente, ve en sus acciones no solo errores políticos, sino herejías teológicas que contradicen las enseñanzas bíblicas esenciales sobre el servicio, la justicia y el respeto por la humanidad, especialmente por los más vulnerables. Así, a través de pasajes de Mateo, Amós o 1 Timoteo, Hauger afirma que Trump encarna una religiosidad vacía y egocéntrica, y que su comportamiento no solo contradice el mensaje cristiano, sino que normaliza los abusos de poder y la violencia, como los ataques militares, el racismo o el abuso hacia las mujeres; además de las políticas de desmantelamiento de la ayuda y la asistencia sanitaria, así como las que fomentan una deshumanización de los grupos vulnerables, como los inmigrantes y las personas LGBT.
Finalmente, Hauger explica que la existencia de personalidades como Trump han generado en América un mal sistemático alimentado por un cristianismo blanco nacionalista, que se ha apoderado del evangelismo estadounidense. Entiende así la realidad actual como una lucha espiritual contra fortalezas demoníacas que se oponen a la verdad de Dios. Afirma que frente a estos males, y basándose en las enseñanzas transmitidas por sus padres y la Iglesia negra, se debe recurrir a la verdad, el testimonio profético y la solidaridad, sobre todo con los más afectados por esta administración. Consecuentemente, Hauger realiza un llamamiento con el fin de unir las voces y escuchar y seguir la tradición profética de la Iglesia negra para resistir lo que describe como una deriva hacia el autoritarismo, el fascismo y el terrorismo.
Fuente: Baptist News Global
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