Hay momentos en que un foro deja de ser una reunión para convertirse en un espejo. El Foro de Paz y Seguridad de Lomé (11-12 de octubre de 2025) hizo precisamente eso: una redefinición silenciosa de la paz y la seguridad africanas a través del prisma del poder tecnológico. El evento reveló un cambio que los responsables políticos africanos aún consideran secundario: el futuro de la paz estará menos determinado por el control territorial y más por la soberanía tecnológica.
Somalia y la ilusión del proceso
En el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos —incluida Somalia—, los marcos de paz se han multiplicado. Sin embargo, la inestabilidad persiste. El problema nunca ha sido la falta de procesos; es la persistencia de incentivos que hacen que el desorden sea más rentable que la reforma.
Somalia es un claro ejemplo. El intento de construcción del Estado por parte de la UNOSOM en la década de 1990 fracasó cuando la autoridad externa se enfrentó al arraigado poder de los clanes. El proceso de ARTA de 2000 excluyó a facciones clave y carecía de legitimidad territorial, pero gozaba de legitimidad internacional. El proceso Mbagathi/Nairobi de 2002-2004 dio como resultado un proyecto federal dependiente de la protección militar etíope, lo que reforzó la resistencia interna y aceleró la insurgencia.
Diferentes formatos, misma lógica: se proyectaron marcos de gobierno hacia abajo, mientras que los incentivos políticos y económicos tiraban en la dirección opuesta. La fórmula de los 4,5 clanes, concebida como un compromiso, afianzó los acuerdos de las élites, descarriló la competencia política y sumió el poder en una renegociación cíclica.
Hoy, meses antes del fin del mandato federal —y décadas después de la ilusión de procesos de paz duraderos— Somalia sigue sin un acuerdo sobre cómo debe compartirse, transferirse o disputarse el poder. La revisión constitucional está sin resolver, las relaciones entre el gobierno federal y los estados son tensas, la estructura de mando de seguridad es objeto de controversia y el modelo electoral en sí mismo permanece abierto. No se trata de lagunas procedimentales; reflejan un vacío de gobernanza más profundo donde la ambigüedad funciona como moneda de cambio política; las reglas poco claras benefician a quienes tienen poder.
La inestabilidad como economía política
El conflicto en Somalia no se reduce a la simple ausencia de orden, sino que constituye una economía política con incentivos predecibles. La ayuda al desarrollo financia al Estado. La actividad política impulsada por los donantes sostiene ecosistemas comerciales nacionales —desde hoteles hasta empresas de seguridad privada— que se verían reducidos sin la presencia internacional. Las fuerzas armadas extranjeras asumen gran parte del costo de la seguridad en zonas estratégicas.
Mientras tanto, Al-Shabaab mantiene un sistema tributario paralelo a través de rutas comerciales y mercados. Si bien las recientes regulaciones financieras han endurecido el sistema bancario formal, el grupo continúa extrayendo ingresos mediante redes de efectivo que rivalizan con el alcance del Estado en varias regiones.
En este contexto, la crisis genera beneficios predecibles, mientras que la reforma produce beneficios inciertos. La inestabilidad no es accidental; es racional. Y los mismos incentivos que perpetúan la fragilidad política ahora configuran el futuro tecnológico de África.
Aquí es donde cobra relevancia el análisis de Lomé: el dilema de la soberanía en África ya no es solo político, sino infraestructural y, cada vez más, digital. El espejo digital
Lomé dejó claro el cambio. En la sesión sobre Inteligencia Artificial y Paz, S. E. Cina Lawson, la Dra. Rosa Tsegaye, Noami Mwelu Kilungu, la Prof. Saida Belouali, el Prof. Ori Swed y S. E. Ismail Chergui expusieron una realidad que África rara vez afronta directamente: el continente forma parte del ecosistema global de IA, pero no en sus propios términos.
No se trata solo de extracción de datos; se trata de colonialismo digital en la práctica: la concentración de infraestructura de datos y diseño algorítmico fuera de las jurisdicciones africanas. Incluso donde existen herramientas digitales, muchos Estados carecen de la capacidad institucional y técnica para implementarlas estratégicamente en beneficio del desarrollo económico, la administración pública o la seguridad.
El problema no se limita a la minería de datos o a la brecha digital. Se basa en problemas más antiguos: deficiencias en la gobernanza, desarrollo institucional desigual, capacidad técnica limitada y la ausencia de infraestructura local que pueda sustentar sistemas digitales a largo plazo. Incluso donde existen plataformas digitales, la capacidad para analizarlas, gestionarlas e implementarlas estratégicamente sigue siendo limitada. El control dista mucho de ser una realidad actual. El camino práctico a seguir no consiste simplemente en “poseer los datos”, sino en invertir en la infraestructura y las instituciones que permitan a África desarrollar, gestionar y poner en marcha estas tecnologías a gran escala.
La dependencia tecnológica de Somalia
Las instituciones de seguridad de Somalia demuestran cómo la dependencia política se refleja ahora en el ámbito digital. La guerra con drones pone de manifiesto la brecha entre soberanía y capacidad: el territorio somalí es vigilado y atacado por sistemas —desde los MQ-9 estadounidenses hasta los TB2 turcos y los UCAV Akıncı— cuyos datos, algoritmos y estructuras de mando se encuentran fuera de la jurisdicción somalí. Incluso cuando Somalia utiliza estas herramientas, no controla la arquitectura que las rige.
Un patrón similar configura la gobernanza interna. Elementos de las plataformas de datos, los sistemas de identificación biométrica y la infraestructura fronteriza y de inmigración de la NISA se alojan externamente o se gestionan a través de contratistas extranjeros. Información sensible sobre el movimiento de población, la identidad y la seguridad nacional puede quedar fuera del control del Estado.
Estas no son solo deficiencias técnicas; son deficiencias políticas. La soberanía de Somalia no puede externalizarse indefinidamente, ni en materia de seguridad ni en el ámbito digital.
Lo que está en juego a nivel continental
A medida que los principales socios para el desarrollo redirigen parte de sus presupuestos hacia la adaptación al cambio climático, la infraestructura pública digital y la gobernanza emergente de la IA, los Estados africanos —especialmente los más frágiles— se verán presionados a adaptarse a las cambiantes prioridades de financiación. Para países como Somalia, esto podría reducir el apoyo a la asistencia tradicional para la consolidación de la paz y la seguridad en un momento en que las deficiencias de gobernanza siguen siendo graves.
El Foro de Lomé subrayó tres prioridades:
Infraestructura digital controlada por África
Los datos críticos deben almacenarse y gestionarse dentro de las jurisdicciones africanas, no en el extranjero.
Capacidad técnica indígena
El continente necesita ingenieros, programadores y científicos de datos capaces de construir y supervisar sistemas críticos.
Normas para la IA en la paz y la seguridad
Los gobiernos deben desarrollar marcos éticos que prevengan la explotación externa y el abuso interno.
Estas conversaciones no son abstractas. La IA y la infraestructura digital se están convirtiendo en el nuevo terreno donde la soberanía se negocia, se disputa y, potencialmente, se pierde.
Lomé como punto de inflexión
Lomé 2025 redefinió la soberanía de una manera que los debates sobre seguridad en África habían eludido durante mucho tiempo: el poder reside ahora tanto en el diseño de sistemas digitales como en el control del territorio. Existen herramientas que pueden predecir la violencia, contrarrestar/rastrear la manipulación o gobernar fronteras, pero pueden afianzar la dependencia con la misma facilidad con la que pueden promover la estabilidad.
La próxima frontera de la paz en África será digital. La pregunta es si el continente dará forma a ese futuro o si simplemente heredará sistemas construidos en otros lugares, con prioridades que no son las suyas.
Fuente: African Arguments
[Traducción, Jesús Esteibarlanda]
[CIDAF-UCM]
