Según François Sudán, director editorial de Jeune Afrique, la juventud africana es una bomba que hay que desactivar antes de que explote.
¿Por qué ha creado la juventud africana esta situación?
Los jóvenes africanos están insatisfechos con sus mayores y buscan más que nunca emanciparse de ellos, incluso si esto significa tomar los peligrosos caminos del exilio. Cada vez se está más cerca de que el techo de cristal del “sé joven y cállate”, ese asfixiante mandato cultural y social impuesto durante siglos, en un continente donde la edad promedio es de 19 años, podría hacerse añicos, con el riesgo de arrastrar en su fragmentación a muchos regímenes desconectados de su juventud. Estos cadetes sociales proporcionaron munición a los movimientos de protesta que surgieron durante 2024 y 2025 en Kenia, Uganda, Ghana, Angola, Costa de Marfil, Marruecos, etc., al tiempo que desempeñaron un papel decisivo en la derrota del régimen de Macky Sall en Senegal y Andry Rajoelina en Madagascar
¿Es este un descontento generalizado?
En todas partes de África el descontento de los jóvenes con sus mayores se ha vuelto sistémico, impulsado por batallones de desempleados urbanos y licenciados desconectados, cuyo resentimiento es aún más intenso porque sus estudios han dado lugar a expectativas y esperanzas incumplidas. Su objetivo: el mal gobierno, el gasto desmedido, la corrupción, la exclusión, la desigualdad y lo que perciben como arrogancia y desprecio hacia ellos. Un cóctel explosivo del que son conscientes muchos dirigentes africanos, pero que les cuesta desactivar, salvo mediante promesas y anuncios vacíos. En el África subsahariana se necesitaría crear 15 millones de puestos de trabajo al año, mientras que sólo hay 4 millones disponibles para integrar a los recién graduados y al resto de los jóvenes que buscan empleo.
¿Qué soluciones reales se ofrecen en esta situación?
El continente más joven del mundo es también un continente en el que la escala social nunca ha funcionado y en el que todos los medios son buenos para escapar del propio destino, ganarse la vida y emanciparse de la primogenitura, del patriarcado y de la gerontocracia: las soluciones que les tientan son el yihadismo, la delincuencia y, por supuesto la migración. Tres de cada cinco jóvenes planean emigrar en los próximos tres años, especialmente en los países sahelianos de África occidental, donde la retórica antioccidental de las juntas gobernantes no ha aportado absolutamente nada en términos de desarrollo económico y social.
¿Es la emigración una solución realista?
Cuando sabemos qué coraje, audacia e ingenio se necesitan para emprender los peligrosos caminos de la migración, después de haber reunido con muchas dificultades los fondos necesarios, podremos medir mejor el inmenso desperdicio que representa para el continente ese sangrado de una parte, la más productiva, la más enérgica, de su población. Intentar revertir el curso de esta «opción de salida» debería ser la máxima prioridad de los gobiernos africanos, mientras que políticamente África sigue en gran medida en un estado de estancamiento. El 64 % de los jóvenes cree que para lograr cambios son necesarias acciones de protesta no pacíficas, es decir, violentas.
