La importancia de un enfoque de desarrollo basado en la defensa de la justicia

6/07/2026 | Crónicas y reportajes, Documentos R+JPIC

El desarrollo se ha entendido a menudo principalmente en términos económicos: crecimiento del PIB, expansión de la infraestructura y aumento del comercio. Si bien estos elementos pueden contribuir al progreso, no conducen automáticamente a una sociedad más humana y equitativa. Un enfoque de desarrollo arraigado en la defensa de la justicia propone una visión más profunda: una que sitúa la dignidad humana, la solidaridad y el bien común en el centro de la transformación social. La labor de la Red África-Europa Fe y Justicia (AEFJN) ilustra cómo el desarrollo centrado en la justicia puede responder a las desigualdades estructurales que afectan a las comunidades africanas, particularmente en el contexto de las relaciones económicas globales. Al examinar este enfoque junto con las enseñanzas sociales del papa Francisco y el papa León XIV, se revela una visión católica coherente: el desarrollo auténtico debe defender la justicia y proteger la dignidad de cada persona.

Desde su fundación, AEFJN ha trabajado para abordar las injusticias derivadas de los sistemas políticos, económicos y sociales que afectan a África. En lugar de simplemente promover la asistencia caritativa, la red se centra en la incidencia política, el análisis de políticas y la sensibilización en Europa y África. Esta estrategia refleja la comprensión de que muchos de los desafíos que enfrentan las sociedades africanas —como los sistemas comerciales injustos, la explotación de la tierra y la degradación ambiental— tienen su origen en la injusticia estructural. Al abogar por relaciones económicas justas entre Europa y África, AEFJN busca garantizar que las políticas de desarrollo respeten los derechos y la dignidad de los pueblos africanos. En este sentido, la justicia se convierte no solo en un principio moral, sino también en un marco práctico para el desarrollo sostenible.

Un modelo de desarrollo basado en la justicia reconoce que la desigualdad y la explotación no pueden superarse únicamente mediante el crecimiento económico. En cambio, requiere la transformación de los sistemas que generan marginación. La experiencia de muchas comunidades africanas demuestra cómo las prácticas económicas globales, incluidas las industrias extractivas y los acuerdos comerciales injustos, pueden socavar los medios de subsistencia locales y el equilibrio ecológico. El trabajo de AEFJN pone de relieve estas cuestiones promoviendo una conducta empresarial responsable, apoyando a las comunidades locales y exigiendo políticas económicas éticas. Estos esfuerzos enfatizan que el desarrollo debe empoderar a las personas en lugar de explotar sus recursos. Por lo tanto, la justicia se convierte en el principio rector que garantiza que el desarrollo sirva al bien común.

La doctrina social del papa Francisco ha profundizado significativamente la comprensión de la Iglesia sobre el desarrollo al enfatizar la interconexión de los problemas sociales, económicos y ambientales. En su encíclica Laudato Si’, Francisco critica enérgicamente el modelo dominante de desarrollo que prioriza el crecimiento económico ilimitado, el consumismo y la expansión tecnológica sin una reflexión ética adecuada. Según él, este modelo es injusto e insostenible porque genera exclusión social al tiempo que degrada el medio ambiente natural. Argumenta que la búsqueda de lucro y eficiencia por sí sola ha llevado a lo que él llama una “cultura del descarte”, en la que tanto las personas como los ecosistemas son tratados como desechables (LS 22). En respuesta, Francisco aboga por un nuevo paradigma de desarrollo basado en la solidaridad, la responsabilidad ecológica y el respeto a la dignidad humana. Este modelo debe promover la inclusión social, priorizar las necesidades de los pobres, garantizar una gestión responsable de los recursos naturales y anteponer el bien común a los intereses puramente económicos (Laudato Si’ 156–158; Fratelli Tutti 168).

El concepto central de ecología integral de Francisco es fundamental para este nuevo paradigma. La ecología integral propone una comprensión holística del desarrollo que integra la justicia económica, la justicia climática, la justicia social y la dignidad humana. Francisco insiste en que la degradación ambiental y la injusticia social están profundamente interconectadas: los mismos sistemas que explotan los recursos naturales a menudo también explotan a las comunidades vulnerables. El cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más pobres, especialmente en regiones donde los medios de subsistencia dependen directamente de la tierra, los bosques y el agua (Laudato Si’, 48. 139). Por lo tanto, la ecología integral exige estrategias de desarrollo que aborden simultáneamente las dimensiones sociales y ecológicas. Esta perspectiva reconoce que las políticas económicas, la protección del medio ambiente, las tradiciones culturales y la inclusión social deben considerarse conjuntamente para lograr un auténtico desarrollo humano (LS 137-142). Esta perspectiva coincide plenamente con la labor de la Red África-Europa Fe y Justicia, que aborda con frecuencia cuestiones como el acaparamiento de tierras, la destrucción ambiental causada por las corporaciones multinacionales y el impacto de las industrias extractivas en las comunidades locales. Al destacar la conexión entre el «grito de la tierra» y el «grito de los pobres», el concepto de ecología integral proporciona un marco ético sólido para promover un desarrollo justo y sostenible.

Otra contribución significativa al pensamiento social católico contemporáneo surge de la enseñanza y el énfasis pastoral del papa León XIV. Desde el inicio de su pontificado, ha enfatizado la necesidad de que la Iglesia responda a una nueva fase de transformación social marcada por el cambio tecnológico, la globalización y la desigualdad económica. Ha advertido que avances como la inteligencia artificial y la economía digital plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, el trabajo y la justicia social. En este contexto, el papa León XIV presenta la doctrina social católica como un recurso moral capaz de guiar a las sociedades a través de lo que describe como una nueva «revolución industrial». Subraya que el progreso tecnológico debe seguir orientado hacia el bien común y no debe menoscabar el trabajo humano, la participación social ni la dignidad de la persona. Al abogar por una regulación ética de las tecnologías emergentes y un compromiso renovado con la solidaridad, el papa León XIV destaca la importancia de garantizar que la innovación beneficie a todas las personas en lugar de profundizar las desigualdades globales. Esta perspectiva es particularmente relevante para África, donde las transformaciones tecnológicas y económicas corren el riesgo de empoderar a las comunidades o de reforzar patrones de explotación, según cómo se gobiernen.

El énfasis en la justicia dentro del desarrollo también refleja una comprensión teológica más amplia de la solidaridad. Para la Iglesia, la solidaridad no es simplemente un sentimiento de compasión, sino un compromiso para transformar las estructuras injustas. AEFJN encarna este principio mediante la creación de redes entre actores europeos y africanos, fomentando la colaboración entre comunidades de fe, organizaciones de la sociedad civil y responsables políticos. A través de campañas de incidencia política e iniciativas educativas, la red cuestiona las políticas que perjudican a las sociedades africanas, al tiempo que promueve alternativas basadas en la equidad y la sostenibilidad. Este enfoque refleja la convicción de que la justicia requiere responsabilidad colectiva y cooperación global.

Otra dimensión importante del desarrollo basado en la justicia es el empoderamiento de las comunidades locales. Con demasiada frecuencia, los proyectos de desarrollo se diseñan externamente y se imponen a las comunidades sin una participación significativa. Estos modelos corren el riesgo de reproducir la dependencia en lugar de fomentar la autonomía. La labor de incidencia de AEFJN subraya la importancia de escuchar las voces locales y defender el derecho de las comunidades a controlar sus propios recursos. Este principio coincide con la insistencia del Papa Francisco en que el desarrollo debe implicar la participación de los propios pobres.

Sin embargo, el papa Francisco va aún más allá al enfatizar que los pobres y marginados no solo participan en los procesos de desarrollo, sino que también son interlocutores privilegiados en la configuración del futuro de la humanidad. En Laudato Si’, destaca la sabiduría de los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales, cuyas culturas a menudo encarnan un profundo respeto por la naturaleza y una comprensión holística de la vida (LS 146; QAm 28-40). Debido a su experiencia de marginación y su estrecha relación con el medio ambiente natural, estas comunidades poseen valiosos sistemas de conocimiento y perspectivas que pueden contribuir a la construcción de sociedades más justas y sostenibles. Por lo tanto, Francisco aboga por un diálogo genuino que escuche atentamente estas voces y reconozca sus contribuciones a la transformación social y ecológica. Su experiencia vivida de resiliencia, solidaridad comunitaria y gestión ambiental ofrece perspectivas importantes para repensar los modelos dominantes de desarrollo e imaginar alternativas basadas en la justicia y la sostenibilidad.

Además, el desarrollo centrado en la justicia promueve la responsabilidad ética en las relaciones económicas globales. Las corporaciones multinacionales, los gobiernos y las instituciones internacionales desempeñan un papel fundamental en la configuración de los resultados del desarrollo. Cuando estos actores priorizan el lucro o los intereses geopolíticos sobre la dignidad humana, corren el riesgo de perpetuar la desigualdad. La labor de incidencia política de AEFJN busca que estos actores rindan cuentas exigiendo regulaciones transparentes, prácticas de inversión responsables y respeto por los derechos humanos. Este trabajo refleja la enseñanza moral de la Iglesia de que la actividad económica debe guiarse por principios éticos. El Papa Francisco recuerda a menudo a los líderes políticos y económicos que los mercados no pueden autorregularse sin una guía moral y que las decisiones económicas deben evaluarse según su impacto en la dignidad humana y el bien común (Fratelli Tutti, 168).

Asimismo, la defensa de la justicia en el desarrollo subraya la importancia de la gestión ambiental. Muchas comunidades africanas dependen directamente de la tierra, el agua y los ecosistemas naturales para su supervivencia. Cuando estos recursos se explotan sin considerar la sostenibilidad, tanto el sustento humano como los sistemas ecológicos se ven perjudicados. Las campañas de AEFJN contra las prácticas mineras irresponsables y el acaparamiento de tierras ilustran cómo la justicia ambiental es inseparable de la justicia social. Esta perspectiva se hace eco del concepto de ecología integral del papa Francisco, que insiste en que el clamor de la tierra y el clamor de los pobres están estrechamente conectados (LS 49). Las estrategias de desarrollo que ignoran las consecuencias ambientales socavan, en última instancia, el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Finalmente, un enfoque de desarrollo basado en la justicia fomenta una transformación de actitudes y valores. El cambio estructural requiere no solo nuevas políticas, sino también un cambio en las perspectivas culturales y éticas. Organizaciones religiosas como AEFJN desempeñan un papel crucial en esta transformación al promover la concienciación sobre la injusticia global y fomentar la solidaridad transfronteriza. Su labor recuerda a las personas y comunidades que el desarrollo no es meramente una cuestión técnica o económica, sino un desafío moral y espiritual. Inspirados por las enseñanzas del papa Francisco y del papa León XIV, los cristianos están llamados a participar activamente en la construcción de un mundo donde el progreso económico sea inseparable de la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana.

En conclusión, la labor de la Red África-Europa Fe y Justicia demuestra la importancia de fundamentar el desarrollo en la defensa de la justicia. Al abordar las desigualdades estructurales, abogar por políticas económicas responsables y apoyar el empoderamiento de las comunidades locales, la red promueve un modelo de desarrollo que prioriza la dignidad humana y el bien común. Las enseñanzas sociales del papa Francisco y del papa León XIV proporcionan una sólida base ética para este enfoque, haciendo hincapié en la solidaridad, la responsabilidad ecológica y la gobernanza ética del cambio económico y tecnológico. En conjunto, estas perspectivas afirman que el desarrollo auténtico no puede medirse únicamente por el crecimiento económico, sino que debe evaluarse por su capacidad para crear un mundo más justo, sostenible y humano.

Alberto Parise (AEFJN presidente)

Fuente: AEFJN

[CIDAF-UCM]

 

Autor

  • AEFJN es una red de organizaciones de base religiosa comprometidas con la promoción de relaciones económicas justas y sostenibles entre Europa y África. Arraigada en los valores del Evangelio y la integridad de la creación, AEFJN aboga por políticas que defiendan la dignidad humana, apoyen a los pequeños agricultores y promuevan la sostenibilidad ecológica.

Más artículos de Red África-Europa Fe y Justicia (AEFJN)