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La flauta de Dumaka, por Diego López Sánchez - Alumno de 4º B del IES Fco. Giner de los Ríos
01/03/2011 -
Africaenlaescuela

Con motivo de las actividades de “África en la Escuela” que realizamos en el Instituto de Educación Secundaria Giner de los Ríos de Alcobendas (Madrid), los profesores y alumnos tuvieron la inciativa de organizar un concurso de cuentos con temática africana . Estas narraciones se publicarán en esta sección de Cuentos africanos/Sabiduría africana, pues aunque no procedan de África si son resultado de su reflexión sobre las culturas y las sociedades de África.

Dumaka, un niño africano, vivía en una tribu desconocida por el resto del mundo. Su reconditez se debía a que el poblado se localizaba al sur del inexpugnable desierto del Sáhara y una región montañosa muy sinuosa. Dumaka significaba “ayuda” en su idioma, aunque él recibió más penas que alegrías, a pesar de su corta vida.

Al nacer, su madre se murió en el parto y se quedó al cargo de su padre. Dumaka no se lamentaba demasiado por este suceso, ya que nunca supo cómo era. Por esta razón, se aferró a su padre, que tuvo que hacer el trabajo de los dos. Cuando parecía que la vida le volvía a sonreír, de repente, su padre falleció a causa de una grave enfermedad. Dumaka se volvió huérfano. No le quedaba nada. Tenía que ir pidiendo comida de casa en casa, cosa que hizo que la gente le detestara e incluso se olvidaran de él. Como no tenía bienes con los que pagar la escuela, no le dejaban entrar. Sin embargo, un anciano se ofreció a darle clases gratis. Dumaka, no convencido del todo, aceptó ser su alumno. Más tarde, descubrió que el anciano era un hechicero que emigró de la tribu y cuando regresó, todos le consideraban un pirado. Él, a veces pensaba lo mismo, por las cosas que explicaba, pero se convirtió en la persona a la que más apreciaba. Sin embargo, un día se murió de viejo, pero antes de morir le dio un instrumento a Dumaka. Era una flauta mágica que únicamente la debía tocar en caso de peligro.

Al cabo de un mes, llegó por primera vez a la aldea, un grupo de hombres de piel blanca, con la intención de explotar las montañas en las que se encontraba el poblado por sus riquezas en piedras preciosas. Al llegar, fueron apresados. El jefe de la tribu quería matarlos por ser unos intrusos, pero los hombres blancos les dijeron que si les soltaban, les traerían comida para todo el año. Entonces, Dumaka recordó que el hechicero le contó una vez que los hombres blancos eran malvados, egoístas y únicamente buscaban sus intereses por encima de todo. Intentó decírselo al jefe del poblado, pero no le hizo caso. Actuó precipitadamente y los liberó.

Al día siguiente, ocurrió algo terrible. Dumaka, que vivía a las afueras de la tribu, contempló cómo un grupo de hombres blancos entraba en cada una de las casas de la tribu. A todos los habitantes les ataron los pies y las manos. Se disponían a secuestrarlos o lo que era peor, a matarlos. Llevaban armas, cosa que Dumaka no sabía lo que eran, ni conocía su peligrosidad, hasta que lo comprobó cuando apretaron el gatillo. Estaba aterrorizado. Entonces, recordó que llevaba la flauta mágica encima. No sabía utilizarla, pero el miedo que tenía le hizo tocarla. A la vez que tocaba, salía de ella una melodía muy peculiar. No sólo era el sonido de una flauta, sino que era como una orquesta de percusión. Sin embargo, no sucedió nada. Dumaka miró hacia atrás y de repente, una manada de todos los animales de la sabana le atravesaron sin aplastarle en dirección a los hombres blancos. No se lo podía creer. Los animales fueron a ayudarle. Había leones, cebras, ñus, elefantes, jirafas, cocodrilos, hipopótamos, rinocerontes, aves… Los hombres blancos, al ver a los animales, soltaron a todos los habitantes de la tribu y huyeron en sus máquinas de destrucción. Todos fueron a abrazar a Dumaka. El jefe de la tribu le dio las gracias y le pidió perdón por no haberle creído antes.

Al final, por su coraje, voluntad y amor a su poblado, le nombraron como el nuevo jefe de la tribu.


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