¿Quién liderará la lucha contra la corrupción?
El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de 2025 muestra que la corrupción sigue siendo una grave amenaza en todo el mundo, aunque existen indicios limitados de progreso.
Los líderes deben actuar para abordar los abusos de poder y los factores subyacentes que impulsan este declive, como el retroceso de los controles y equilibrios democráticos y los ataques a la sociedad civil independiente.
Las protestas antigubernamentales en muchas partes del mundo demuestran que la población está harta de la falta de rendición de cuentas de los líderes y exige reformas.
El IPC clasifica a 182 países y territorios de todo el mundo según sus niveles percibidos de corrupción en el sector público. Los resultados se presentan en una escala de 0 (altamente corrupto) a 100 (muy transparente).
Si bien 31 países han reducido significativamente sus niveles de corrupción desde 2012, el resto no ha logrado abordar el problema: se ha mantenido estancado o ha empeorado durante el mismo período. El promedio mundial ha caído a un nuevo mínimo de 42, mientras que más de dos tercios de los países obtienen una puntuación inferior a 50. Y la gente está pagando las consecuencias, ya que la corrupción conlleva hospitales con financiación insuficiente, defensas contra inundaciones sin construir y frustra las esperanzas y los sueños de los jóvenes.
La brecha de liderazgo en la lucha contra la corrupción
Observamos un panorama preocupante de declive a largo plazo en el liderazgo para combatir la corrupción. Incluso democracias consolidadas, como Estados Unidos, Reino Unido y Nueva Zelanda, están experimentando un descenso en su desempeño. La ausencia de un liderazgo firme está provocando un debilitamiento de los estándares y de su aplicación, lo que reduce la ambición en los esfuerzos anticorrupción en todo el mundo.
Al mismo tiempo, muchos Estados están aumentando las restricciones al espacio cívico. Al dificultar o poner en peligro que los ciudadanos, las ONG y los periodistas denuncien los abusos de poder, reducen la transparencia y la rendición de cuentas. Esto permite que la corrupción prospere.
Incluso las naciones con los sectores públicos menos corruptos pueden tener serios problemas de integridad, aun si el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) no los mide. Muchas facilitan la corrupción en otros países al permitir la transferencia transfronteriza de ganancias ilícitas y su uso en esquemas de lavado de dinero.
Esto no tiene por qué ser así. Nuestra investigación y experiencia como movimiento global contra la corrupción demuestran que existe un modelo claro para exigir responsabilidades al poder en aras del bien común. Es posible avanzar mediante acciones para fortalecer los sistemas de justicia, mejorar la supervisión de los servicios y el gasto públicos, y evitar la financiación opaca de las elecciones. También es vital proteger el espacio cívico, la democracia y la libertad de prensa, al tiempo que se cierran las lagunas legales que permiten el flujo de dinero corrupto a través de las fronteras.
En un momento de crisis climática, inestabilidad y polarización, el mundo necesita más que nunca líderes responsables e instituciones independientes que protejan el interés público; sin embargo, con demasiada frecuencia, no cumplen con su cometido. Hacemos un llamamiento a los gobiernos y a los líderes para que actúen con integridad y asuman sus responsabilidades para brindar un futuro mejor a sus ciudadanos.
Maíra Martini, directora ejecutiva de Transparencia Internacional
¿Qué está sucediendo en el mundo?
Ya sea que se enfrenten a una reciente ola de retroceso o a desafíos más amplios que han socavado las reformas durante mucho tiempo, todas las regiones tienen mucho trabajo por delante para resolver sus problemas de corrupción. Sin embargo, casi todas cuentan con casos de éxito que demuestran que el progreso es posible.
Ocho países han mejorado en Asia Pacífico desde 2012; no obstante, existen marcadas diferencias dentro de esta diversa región, donde muchos países luchan contra la corrupción. Con élites influyentes que a menudo compran poder político y muchas leyes que no se aplican correctamente, la mayoría de los líderes de esta parte del mundo no están cumpliendo sus compromisos.
En América, años de inacción por parte de los gobiernos para abordar la corrupción han debilitado la democracia y permitido el crecimiento del crimen organizado, con graves repercusiones en los derechos humanos y la seguridad.
Europa del Este y Asia Central siguen siendo una de las regiones con peor desempeño del mundo, donde la impunidad generalizada para la corrupción es impulsada por los intereses creados que dominan la mayoría de los gobiernos y sus instituciones.
La debilidad democrática en gran parte del África subsahariana —a veces acompañada de conflictos armados, inseguridad y creciente inestabilidad social— sigue socavando la gobernabilidad, la estabilidad económica y los esfuerzos de desarrollo.
Los gobiernos de Oriente Medio y el Norte de África siguen sin lograr combatir la corrupción en el sector público, lo que refleja la falta de compromiso de sus líderes y la debilidad de las instituciones encargadas de exigir responsabilidades al poder.
Nueve de los diez países con mejor resultado en el índice de percepción de la corrupción a nivel mundial se encuentran entre los países de Europa Occidental. Sin embargo, los esfuerzos anticorrupción se han estancado en gran medida en los últimos años, y la puntuación media del IPC en la región ha disminuido más rápidamente que en cualquier otra.
Fuente: Transparency International
[CIDAF-UCM]

