Durante años, Hakim Ziyech fue considerado una de las principales figuras de la selección nacional marroquí. En el ámbito de clubes, especialmente en su última etapa en el Chelsea y el Galatasaray, atravesó un período de inestabilidad deportiva caracterizado por suplencias recurrentes y una participación intermitente. Si bien el jugador ha recuperado protagonismo en el Wydad AC de Casablanca, este resurgimiento en la competición de la liga contrasta con su exclusión continuada de las convocatorias de la selección. Aunque la versión oficial atribuye dicha ausencia a una supuesta “falta de preparación física”, en el espacio digital circulan interpretaciones alternativas que cuestionan la suficiencia de esta explicación.
El punto de inflexión se sitúa en septiembre de 2024. En el contexto de la ofensiva sionista sobre la Franja de Gaza, Ziyech publicó en su cuenta de Instagram un contenido audiovisual que denunciaba la violencia ejercida contra la población palestina. La publicación iba acompañada de un mensaje explícito en el que, además de condenar los hechos, interpelaba directamente a las autoridades marroquíes con la frase: “Vergüenza para nuestro gobierno… basta ya”. Aunque el contenido fue eliminado poco después, su difusión resultó suficiente para generar un intenso debate público. En un país donde la diplomacia deportiva constituye un componente relevante de la arquitectura simbólica del Estado, dichas declaraciones fueron interpretadas por distintos sectores como una transgresión del principio de neutralidad que tradicionalmente se exige a las figuras representativas de la nación.
Conviene señalar, sin embargo, que la intervención de Ziyech no se produjo en un vacío social. Marruecos se ha consolidado como el segundo país del mundo árabe después de Yemen con mayores movilizaciones en apoyo a la causa palestina desde el inicio del conflicto. En diversas ciudades, particularmente en el norte del país, las protestas incorporaron elementos iconográficos vinculados al jugador: tifos con su imagen y camisetas con el dorsal “7” han convertido su figura en un símbolo de identificación colectiva. En este sentido, el futbolista trascendió su condición estrictamente deportiva para inscribirse en una dimensión simbólica más amplia, asociada a posicionamientos éticos y políticos.
En el plano institucional y mediático, las reacciones de otros referentes tanto del ámbito deportivo como de otros sectores sociales se caracterizaron por la cautela. Predominó el silencio o la formulación de apoyos indirectos, evitando declaraciones que pudieran intensificar la controversia. Este tono prudente contrasta con la intensidad del debate en el ecosistema digital, donde creadores de contenido como Farouk Life analizaron la situación examinando variables técnicas, tiempos de recuperación, dinámicas internas y contexto político. En dichos análisis se repite una conclusión recurrente: la explicación oficial resulta insuficiente para disipar por completo las dudas existentes.
Dentro del ámbito estrictamente deportivo, determinados gestos adquirieron una dimensión interpretativa significativa. Algunos compañeros adoptaron, tras la consecución de goles, una celebración consistente en cubrirse la boca con una mano mientras elevaban el brazo con el dedo índice apuntando al cielo. En un entorno donde la gestualidad deportiva es objeto de escrutinio constante, este gesto, sobrio pero reiterado, fue interpretado por sectores de la opinión pública como una manifestación de respaldo simbólico formulada dentro de los márgenes de la neutralidad formal.
Por su parte, Ziyech mantuvo una actitud discursiva contenida. Sin confrontar públicamente la decisión federativa ni amplificar la polémica, expresó su agradecimiento por las muestras de apoyo y reafirmó que su prioridad seguía siendo el rendimiento deportivo. Esta postura ha contribuido a proyectar la imagen de un profesional que, pese a la politización involuntaria de su figura, intenta circunscribirse al ámbito competitivo.
No obstante, la controversia persiste en la esfera pública. Cada vez que la federación anuncia una nueva convocatoria, ya sea para encuentros clasificatorios o para competiciones continentales como la Copa Africana de Naciones, las plataformas digitales registran una proliferación de comentarios que reclaman su reincorporación. La última edición del torneo (2025) se disputó sin su participación, aun así, el jugador manifestó en entrevistas posteriores su apoyo a la selección y expresó buenos deseos hacia sus compañeros, evitando cualquier gesto que pudiera interpretarse como ruptura definitiva.
En este contexto, la etapa de Ziyech en el Wydad AC adquiere relevancia como elemento explicativo de la reconfiguración de su trayectoria reciente. Desde una perspectiva deportiva, su incorporación al club le ha proporcionado continuidad competitiva, centralidad en el esquema táctico y regularidad en la participación, factores determinantes en la recuperación de su rendimiento tras un periodo de intermitencia. Esta estabilidad contribuye a sostener su posicionamiento dentro del panorama futbolístico nacional, aun en ausencia de convocatorias internacionales.
La dimensión de su paso por el Wydad no se limita al plano técnico. Al tratarse de una institución de amplio arraigo histórico y social en Marruecos, el club opera como un espacio de legitimación interna que mantiene su visibilidad y relevancia pública dentro del ámbito doméstico. En este sentido, su permanencia en el fútbol marroquí atenúa la narrativa de ruptura que podría desprenderse de su exclusión de la selección, proyectando una imagen de continuidad profesional más que de marginalización deportiva.
En consecuencia, su tránsito por el Wydad puede interpretarse como una forma de reubicación dentro del campo futbolístico nacional, en la que confluyen variables competitivas, institucionales y simbólicas. Esta reubicación no elimina las tensiones previamente descritas, pero introduce un factor de equilibrio que complejiza la lectura del caso: lejos de representar un declive, su trayectoria se mantiene activa bajo condiciones de reconocimiento competitivo y proyección social significativa.
Salma Kalil
CIDAF-UCM
