En el barrio de Dar Es Salam, uno de los más densamente poblados de Conakry, la capital de Guinea, la vida cotidiana se ha vuelto irrespirable. La enorme escombrera municipal que domina la zona lleva años ardiendo de forma casi permanente, liberando un humo tóxico que se asienta sobre viviendas, comercios y escuelas. Para muchos residentes, la situación ha dejado de ser solo una molestia para convertirse en una amenaza directa a su salud. Daouda Sylla es uno de los vecinos más afectados. Explica que incluso permanecer sentado le provoca una sensación de fuego en los pulmones y que caminar unos pocos metros lo deja sin aliento. Las familias con niños viven con un temor aún mayor. Mamadama Bangoura relata que su hijo Djibril, enfermo desde que era bebé, sufre crisis respiratorias cada vez que sale al exterior. En ocasiones, necesita recibir oxígeno para recuperarse, lo que ha obligado a la familia a mantenerlo prácticamente encerrado.
Los profesionales de la salud confirman que la amenaza es real. En una clínica cercana, un neumólogo advierte que la exposición continua al humo puede desencadenar enfermedades graves como neumonía, EPOC e incluso cáncer pulmonar. Mientras tanto, el líder militar Mamadi Doumbouya impulsa proyectos de desarrollo e infraestructura bajo iniciativas como “Simandou 2040”, destinadas a transformar Guinea a largo plazo. Sin embargo, en Dar Es Salam muchos vecinos aseguran que estas promesas pierden sentido cuando respirar es un riesgo diario. Por ello, las organizaciones locales y los residentes exigen al gobierno retirar el vertedero y proteger su salud.
Fuente: Africanews
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