Joseph Kabila se ha puesto a la cabeza del Frente para la Refundación de la Nación (FRN), un nuevo movimiento político-militar en la República Democrática del Congo (RDC). El Frente aglutina a Kabila, presidente de la RDC de 2001 a 2019, y al grupo rebelde Alianza Río Congo y Movimiento 23 de Marzo (AFC/M23), fuerzas que ocupan y controlan las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur. Kabila, al lado del general Sultani Makenga, del M23, declaró durante una conferencia de prensa en Goma, la capital de Kivu Norte, que la nueva organización ha sido fundada “para hacer frente a una situación macabra del país, los iniciadores han decidido unir sus fuerzas, recursos y medios a fin de crear un marco de acción por medio del cual todos los congoleños, al unísono, van a emprender la obra de la liberación del país. Así, en virtud del artículo 64 de la Constitución, han creado un movimiento político-militar denominado Frente por la refundación de la nación (FRN)”. El artículo 64 estipula que todo congoleño tiene el deber de hacer fracasar a cualquier individuo o grupo que tome el poder por la fuerza o lo ejerza violando la Constitución. El FRN afirma tener como misión “federar y coordinar todas las fuerzas de resistencia para poner fin a la tiranía por todos los medios, incluso por medio de la fuerza”.
Tres días antes, el 9 de octubre, Kabila ya había calificado al gobierno de Tshisekedi de “gobierno dictatorial”. La alianza de Kabila con los rebeldes puede poner patas arriba los esfuerzos internacionales para poner fin a la guerra, ya que promueve directamente la destrucción del régimen instalado. Mientras, siguen los enfrentamientos armados entre el ejército congoleño, aliado con milicias diversas y mercenarios, y los rebeldes del M23, por el control de poblaciones y lugares ricos en minerales. El M23 domina a menudo gracias al apoyo de miles de soldados ruandeses y de su armamento y aparato logístico y de inteligencia. El objetivo ahora es controlar el país y derrocar al gobierno de Kinshasa.
Kabila, presidente durante 18 años, fue condenado a muerte en ausencia por un tribunal congoleño y ha sido objeto de sanciones norteamericanas en abril por su apoyo a la rebelión del M23. Ha mantenido estrechas relaciones con Corneille Nangaa, creador de la AFC (Alianza Río Congo), la rama política del M23, que ahora será uno de sus adjuntos.
La mayoría de los congoleños están firmemente opuestos a las fuerzas rebeldes, a las que consideran una invasión extranjera a su país. Como siempre, los cálculos de Ruanda son difíciles de interpretar. Probablemente, Kabila, al tomar la decisión de ponerse al frente de la rebelión, ha debido de negociar con Kigali. El apoyo al M23 por parte de Ruanda parece irrevocable; sus tropas han combatido al lado de los rebeldes a pesar de las sanciones americanas, que trataban de obligar a que el ejército ruandés se retirara de la RDC; sin embargo, hasta ahora, no parecía Kigali dispuesto a ir territorialmente más lejos que controlar el gobierno de las provincias limítrofes de los Kivu y garantizarse el control de las redes de aprovisionamiento de minerales estratégicos.
Lo que parece evidente es que la decisión de Kabila corre el peligro de frenar brutalmente los ya frágiles esfuerzos llevados a cabo por Qatar y Suiza para alcanzar un acuerdo entre Tshisekedi y los insurrectos. El nuevo protagonismo de Kabila, según Crisis Groupe, haría todavía más difícil un acuerdo en favor de la paz.
Por su parte, Vital Kamerge, antiguo presidente de la Asamblea, denuncia una contradicción entre los llamamientos a la paz de Joseph Kabila y la lucha armada: “No se puede proponer la paz a nuestro pueblo y recurrir al mismo tiempo a las armas”.
Ramón Arozarena
Fuente: Journal de la quinzaine, de Luc de l’Arbre (1-15 oct.)
CIDAF-UCM
