El acercamiento Francia-Ruanda: derechos humanos e intereses nacionales, por Serge Dupuis

6/03/2023 | Opinión


El presidente Macron, por intereses geoestratégicos y posiblemente comprensibles, ha demolido algunas declaraciones, mantenidas regularmente, relativas a los derechos humanos. Serge Dupuis, a la vez que recuerda la naturaleza del régimen de Paul Kagame, descifra el proceso de normalización diplomática y política entre Francia y Ruanda; proceso que ilustra la contradicción entre las palabras presidenciales y la realidad de una política exterior.

El 10 de diciembre de 2021, Emmanuel Macron hizo desde el Elíseo la siguiente declaración: “Los derechos humanos fundamentales están cada día más amenazados en el mundo. En esta jornada internacional, he querido lanzar la iniciativa Marianne en favor de los defensores de los derechos humanos. En favor de que lleguen a todas partes. Para proteger y apoyar a sus defensores”1. Cuatro años antes, refiriéndose más precisamente a África, el presidente se había expresado en Uagadugu ante los estudiantes africanos asegurando que él concebía su rol sobre la cuestión como el de “estar al lado de los que trabajan día a día para lograr que la democracia y el Estado de derecho fueran irreversibles”2. En octubre de 2022, inauguraba una “Fundación de innovación para la democracia”3. Nos ha parecido pertinente, a la luz de la política que Paris ha planteado frente al régimen de Kigali, ilustrar cómo semejantes declaraciones cargadas de generosas intenciones y anuncios de nobles iniciativas pueden ser muy rápidamente desmentidas por los hechos, para aparecer como elementos vacuos de comunicación política.

paul_kagame_2016-10-14_cc0-10.jpgLa construcción de un nuevo partenariado en África

El presidente Macron ha emprendido, desde su llegada a la presidencia, la tarea de normalizar y luego revitalizar las relaciones diplomáticas entre París y Kigali. Como es sabido, Francia ha sido acusada durante dos décadas por el gobierno ruandés de complicidad en el genocidio contra los tutsi de la primavera de 1994, mientras muy recientemente varios altos dignatarios ruandeses eran objeto de un procedimiento judicial iniciado en su contra en París con relación al asesinato del presidente Habyarimana, en abril de 1994.

Tradicionalmente África, ha ocupado un lugar importante en la diplomacia francesa, dada la posición que Francia ocupa en el seno de la ONU. Ante la pérdida de influencia que nuestro país conoce en su antiguo territorio-reserva, los países francófonos del África del Oeste y Central, el presidente desea recuperar el peso e influencia en el continente, especialmente en la sub-región de los Grandes Lagos, donde Francia entra en competición con los EEUU y cada vez más con Rusia. Considera que África está llamada a protagonizar en el futuro un papel crucial en el crecimiento mundial y a constituir un terreno de gigantescas inversiones. En esta perspectiva, entiende que debe crear relaciones fuera del tradicional terreno francés, concretamente con los países anglófonos y lusófonos4. El interés nacional exigía, en consecuencia, no solo que el contencioso entre Francia y Ruanda fuera resuelto sino también que las relaciones entre los dos países se retomaran de manera positiva. Si quería ser respetada y escuchada por todos en el continente, Francia no podía seguir siendo acusada regularmente de complicidad con el genocidio, y menos por un país que goza en África de un crédito importante. Por otra parte, Ruanda percibido como un país estable, bien gobernado por el hombre-fuerte de la subregión y eficaz en materia de desarrollo, su papel en el continente africano como proveedor de tropas para diversas operaciones multilaterales y bilaterales de mantenimiento de la paz y seguridad, su posición de puerta de entrada a la vez hacia la República Democrática del Congo de rico subsuelo y hacia el África anglófona, le designaban como un partenaire ideal sobre el que apoyarse.

Por su parte, Ruanda se encontraba en una etapa de reflexión política y geopolítica en que su propio interés nacional le llevaba amostrarse favorable a un restablecimiento de buenas relaciones diplomáticas con Francia. Semejante iniciativa, se pensaba ciertamente en Kigali, no podía sino contribuir al cierre favorable para Ruanda del procedimiento judicial iniciado por la justicia (contra algunos dirigentes ruandeses). Además, la ambiciosa idea que Paul Kagame se hace de su posición en África como líder panafricano, el rol que desea que Ruanda protagonice, el de motor económico, pedían que Kigali se abriera al mundo francófono, en particular a su espacio económico. Por fin, Ruanda estaba desde hacía varios años comprometido en un proceso de búsqueda de nuevos aliados influyentes; búsqueda exigida por una constante degradación de los lazos que mantenía con sus aliados tradicionales, los EEUU y el Reino Unido, cada día más preocupados por los atentados a los derechos humanos y la ausencia de democracia que caracterizan a la situación de Ruanda y cada vez menos convencidos de la veracidad del relato que Kigali ha impuesto con relación al genocidio.

El comienzo del acercamiento

El primer acto público del acercamiento de la Francia de Emmanuel Macron con Ruanda consistió en la visita efectuada por Paul Kagame a París en el mes de marzo de 2018. Luego, en el mismo año, el Elíseo favoreció con todo su influyente peso el nombramiento en la dirección de la Organización internacional de la Francofonía (OIF) de Louise Mushikiwabo, número dos y ministra de Asuntos Exteriores del gobierno ruandés. Se trataba con ello de una demostración fuerte de la voluntad de París de favorecer un acercamiento significativo. Por un lado, acabamos de verlo, semejante nombramiento servía a los intereses nacionales del régimen de Kigali. Por otro lado, mientras que una de las dos grandes misiones de la Francofonía consiste en la promoción del francés, el gobierno ruandés había procedido en 2008 al abandono del francés como lengua de enseñanza y de administración en provecho del inglés. Por fin, y sobre todo, este gesto diplomático atentaba contra la identidad misma de la Francofonía, cuya segunda misión cardinal consiste en el apoyo a las democracias y el reforzamiento de los derechos humanos en el espacio francófono. Ahora bien, Louise Mushikiwabo, por su parte, no dejó de justificar durante años el conjunto de abusos y crímenes cometidos por el gobierno en materia precisamente de democracia y derechos humanos. El Secretariado general de la OIF le ofrece hoy una audiencia internacional que le permite defender la posición de Ruanda en la crisis que opone su país a la República Democrática del Congo (RDC) 5.

El Informe Duclert

Otro acto importante en la tarea de normalización diplomática llevado a cabo por el presidente Macron y sus consejeros: el informe Duclert. Una comisión de historiadores y juristas fue encargada por el presidente en el mes de abril de 2019, de consultar el conjunto de los archivos franceses relativos a la acción y al rol de Francia en Ruanda en los años 1990-1994 y de aportar sus conclusiones. Uno y otros aportaron esfuerzos, ya que el gobierno ruandés, por su lado, solicitó a un gabinete de abogados americanos su propio informe. La culminación de estos esfuerzos mutuos consistió en la presentación de dos documentos, el informe Duclert y el informe Muse. Las conclusiones del primero hechas públicas en el mes de abril de 2021, confirmaron en el fondo la acusaciones lanzadas por Kigali. Si bien rechazan toda idea de complicidad del Estado francés, imputan a Francia efectivamente “responsabilidades pesadas y aplastantes” en la irrupción y luego desarrollo del genocidio6. Aunque mucho más críticas sobre el rol de Francia que las de la comisión francesa, las conclusiones del segundo informe, igualmente hechas públicas en abril 2021, fueron sin embargo en el sentido deseado por París. El término complicidad no aparece en ningún momento asociado al Estado francés7. Los intereses nacionales de Francia y de Ruanda fueron de ese modo considerados, tanto en París como en Kigali, como debidamente servidos 8.

La visita del presidente Macron a Kigali

Posteriormente, dos acontecimientos vinieron a inscribirse en línea con el informe Duclert. En primer lugar, la visita del presidente Macron a Kigali, con objeto de oficializar la normalización en curso. El presidente rindió homenaje a las víctimas del genocidio, tal y como debía hacerse, y pronunció un discurso que retomaba las conclusiones del informe Duclert. Reconocía explícitamente, en Kigali, ante el presidente Kagame y los responsables del FPR, que Francia cargaba con “una responsabilidad aplastante” en los sufrimientos infligidos al pueblo ruandés. Luego, Paul Kagame no dejó de felicitar a Emmanuel Macron con ocasión de su reelección en el mes de mayo 2022, saludando un ”liderazgo visionario”9. Unas semanas más tarde, la Asamblea parlamentaria de la Francofonía creyó correcto decorar al presidente ruandés con la Orden de la Pléiade, que distingue a las personas que han contribuido al desarrollo de la lengua francesa y que han servido los ideales de la Francofonía10.

Un coloquio franco-ruandés

El segundo acontecimiento ha mostrado más recientemente cómo la reconciliación entre Francia y Ruanda se hacía al precio del sacrificio de la verdad histórica “en el altar de la reconciliación”11. Un coloquio internacional, titulado “Saberes, fuentes y recursos sobre el genocidio perpetrado contra los tutsi en Ruanda. La investigación en acción”, se celebró en Kigali y Huye, Ruanda, del 11 al 19 de septiembre de 202; coloquio que conocerá una segunda sesión en próximo año en Partís a partir del 11 de septiembre de 2023. Se dió como tarea “reunir investigadoras e investigadores especialistas del tema, oírlos y confiarles la misión de construir saberes científicos colectivos e internacionales”. En realidad, este coloquio organiza la gran misa ceremonial del discurso oficial de Kigali sobre la cuestión del genocidio contra los tutsi. La sesión de Ruanda que se desarrollaba en el mismo país cuyos dirigentes tratan de imponer desde hace años un relato que oculta sus responsabilidades en la violencia que conoció el país en los años 1990, estaba colocada bajo el padrinazgo de dos presidentes. Uno no dejó de celebrar “la sinceridad y coraje político” de su homólogo francés; el cual saludó un acontecimiento que marcará, según él, “una nueva e importante etapa en el camino de verdad y de lucidez en el que nos hemos comprometido”12.

La organización del coloquio estaba asegurada por la Universidad de Ruanda y por un equipo surgido de la comisión de investigación sobre los archivos franceses, dirigido por el historiador Vincent Duclert. Tenía, en particular, el apoyo del ministerio de Unidad nacional y del Compromiso cívico de Ruanda, institución que bajo la égida de Jean Damascène Bizimana, constituye la punta de lanza ideológica del régimen ruandés. La aportación científica al coloquio, al estar restringida a Ruanda y Francia, quedaba privada de contribuciones esenciales, en particular las de investigadores anglo-sajones o europeo. Estábamos ante un ejercicio de comunicación política con el objetivo no de realizar una importante etapa en “el camino de la verdad” que habrían iniciado los dos países, sino más bien de consolidar el monopolio de la verdad por medio del pensamiento único. A este pensamiento único se refería el presidente francés, al invitar, en su breve alocución, a que ocupara “progresivamente todo el espacio de nuestra memoria colectiva y en nuestros manuales escolares”.

Resultados y frutos

La normalización y el reforzamiento de las relaciones entre los dos países no tardó en expresarse a través de actos concretos, poco imaginables en un reciente pasado. Nombramiento de un embajador de Francia y luego de un agregado de defensa y apertura de un Centro cultural francófono en Kigali, compromiso de las autoridades francesas para organizar dos procesamientos al año de sospechosos de genocidio refugiados en Francia, relanzamiento de la cooperación económica con la reapertura de una oficina de la Agencia francesa de desarrollo (AFD) en la capital ruandesa y la firma de acuerdos comerciales, decisión del presidente Macron de aumentar sensiblemente la ayuda al desarrollo de Ruanda13, diálogo diplomático bilateral con ocasión de la cumbre de la Unión Europea-Unión Africana del mes de febrero de 2022, encuentro en París en el mes de marzo siguiente de una delegación de la Fuerzas de defensa ruandesa llevada a cabo por el jefe de estado-mayor Jean Bosco Kazura con el jefe de estado-mayor francés Thierry Burkhard, en la perspectiva de un relanzamiento de la cooperación militar entre los dos Estados14 y de una reflexión común sobre la estabilidad en África central, viaje a Kigali del patrón de la Dirección de información militar (DRM) francesa15, evocación por París de una “convergencia de intereses estratégicos” con Ruanda16: las señales no han faltado y ponen en evidencia el espectacular acercamiento entre Francia y Ruanda. No omitiremos, para terminar, mencionar el apoyo indirecto aportado por Francia en el seno de la UE a las operaciones llevadas a cabo por las tropas ruandesas en República centroafricana y en Mozambique, tropas que se sabe no pueden sino servir a los interesas franceses, especialmente en el segundo país, donde los franceses están representados por la sociedad TotalEnergies y el gigantesco proyecto gasístico que esta sociedad ha iniciado. Ruanda, de este modo, está en vías de convertirse en un partenaire privilegiado de Francia en África, socio considerado fiable y susceptible de ser útil para París en el continente a través de su ejército bien entrenado, equipado y eficaz.

El régimen de Kigali

Cualquier país puede decidir a reorientar sus intereses estratégicos nacionales buscando nuevos socios. Tratándose de Ruanda, las características del régimen existente plantean un problema con relación a las declaraciones e iniciativas del presidente de la República en cuestiones como las libertades políticas y civiles y, más ampliamente, de “derechos humanos fundamentales”. El régimen autocrático de Kigali, basado en la fuerza y la violencia sitúa en efecto a Ruanda en el rango “de las naciones más represivas del continente africano”17´

Una élite hegemónica

Los responsables del FPR, muy mayoritariamente tutsi, desde su toma del poder de julio de 1994, alimentan una ambición transformadora en todos los terrenos – político, económico, social. Se consideran y se perciben, especialmente en su comunidad anglófona, como una élite ilustrada que habría identificado la causa de los ciclos de matanzas que han marcado la historia de Ruanda hasta la catástrofe final – la etnicidad, naturalmente portadora según ellos de antagonismos sociales18. Se consideran por ello investidos de la misión de guiar el país hacia la unidad, la paz y la prosperidad por medio, por un lado, de la erradicación de la etnicidad como medio de definición de las identidades políticas y sociales y, por otro lado, del desarrollo económico y social, ya que, a sus ojos, la pobreza es un poderoso factor de activación de tensiones interétnicas. Su victoria sobre las fuerzas genocidas en 1994 les confiere, por otra parte, piensan, una autoridad moral incontestable que los designa como garantes exclusivos en el futuro de la evolución del país. Desde esta perspectiva, la estrechez de su base política en Ruanda post-genocidio, donde la población tutsi representa entre un 10 y un 15% de la población, su convicción de que la conciencia colectiva del grupo hutu está indeleblemente impregnada de la ideología racial que condujo al genocidio, ha llevado a estos responsables a la conclusión de que debían apoyarse en un Estado fuerte y coercitivo para llevar a buen puerto su ambición transformadora. Tal Estado, con el sacrificio temporal de las libertades individuales, garantizaría su permanencia en el poder; les daría el tiempo necesario para construir la unidad de la nación al contener primero y luego erradicar la etnicidad y los antagonismos que la etnia genera y al movilizar la población para sacar al país de la pobreza.

Con el fin de conjurar la amenaza de un retorno de las violencias pasadas y de construir un nuevo Ruanda, el régimen del FPR ha establecido en el país una hegemonía que se encarna en un poder absoluto y radicalmente represivo. En el transcurso de los años, las autoridades ruandesas se han dedicado a concentrar el poder y los recursos del país entre las manos de una minoría: sus partidarios y, sobre todo, una élite tutsi, especialmente anglófona, considerada como leal. El investigador Filip Reyntjens ha establecido que en 2020, el FPR detentaba el 73% de los puestos del gobierno y el 84% de las posiciones de alta responsabilidad en el Estado. Por otra parte, el 86% de embajadores y de mandos superiores del ejército y de los servicios de seguridad, el 96% de los responsables de las empresas paraestatales y agencias públicas, el 70% de los alcaldes de distrito y todos los puestos de responsabilidad en presidencia estaban ocupados por tutsi19. La elección de personas que comparten su visión del Ruanda futuro ha conducido a los dirigentes a llevar a cabo una política de etnificación de las funciones de autoridad, contradictoria con sus posiciones ideológicas.

La política de unidad nacional y de reconciliación

No bastaba con ejercer un monopolio sobre el conjunto de las palancas del poder. Era preciso, además, crear las condiciones políticas y sociales de su perennidad, necesarias para llevar a bien la misión del FPR. La política de unidad nacional y de reconciliación, “piedra angular” sobre la que todos los esfuerzos nacionales se basan”20 atiende a ello. Iniciada desde 1999, tiene por objetivo declarado aniquilar las divisiones étnicas combatiendo el “divisionismo” y “la ideología genocida”. Respecto a esta cuestión, toda evocación pública de la etnicidad, todo discurso que se separe de la versión de la historia de Ruanda y del genocidio impuesta por el poder o que critique las políticas llevadas a cabo por éste, son socialmente proscritos. Se consideran estas disposiciones como capaces de garantizar la cohesión nacional, así como el desarrollo económico del país para el que dicha cohesión es necesaria. La reconciliación y la unidad, portadoras de estabilidad y seguridad, y el desarrollo, vector de bienestar, constituyen la línea oficial y cada uno está obligado a adaptarse a sus reglas y exigencias.

La represión de la libertad de expresión y de la oposición política es consustancial a la misión de la que los responsables del FPR se han auto-investido. Se ejerce un control estrecho del discurso y comportamiento públicos, que vela por la conformidad de éstos con la política de unidad nacional y de reconciliación. La no-conformidad es estigmatizada y criminalizada con referencia al genocidio pasado. Su autor se encuentra en situación de ser acusado de volver a colocar la nación en la vía de la violencia intergrupal y de ser declarado “enemigo del Estado”. Si se trata de un hutu, las incriminaciones de “divisionismo” o de “negacionismo” son de uso corriente, mientras que un tutsi se verá acusado de propagar falsas informaciones o de atentar contra la seguridad del Estado. En el plano más específicamente político, toda puesta en cuestión del Estado o del FPR, arquitectos de la unidad y del desarrollo, es considerada como una amenaza, en definitiva, un crimen antipatriótico contra Ruanda; es implacablemente combatida con las mismas acusaciones. James Kabarebe, antiguo jefe de estado-mayor del ejército y ministro de Defensa, actualmente consejero especial de Paul Kagame para cuestiones de seguridad, describía la oposición política en 2020 en los siguientes términos: “lo que plantea la oposición en Ruanda (…) alimenta una ideología (…) Cuando hablan de democracia, de libertad de prensa, de derechos humanos, está en el fondo la ideología genocida”21. De este modo el gobierno protege el discurso oficial, singularmente el mito de un FPR y de un Paul Kagame salvadores de la nación y el retrato exageradamente elogioso que el régimen pinta permanentemente de sus realizaciones22. Se trata de garantizar la legitimidad interior y exterior necesaria para el cumplimiento de su misión en la modalidad autoritaria que lo caracteriza.

ruanda_mapa_2_cc0-18.pngLa represión

En Ruanda, la imposición del consenso, capaz de crear un sentimiento de pertenencia comunitaria es la ley de bronce. Las políticas autoritarias que lleva a cabo el régimen en materia de libertades civiles y políticas en nombre de la reconciliación y de la unidad nacional encuentran aquí su legitimidad: son presentadas como necesarias para la creación de un nuevo Ruanda. Dos leyes que datan de los años 2000 constituyen un temible instrumento de neutralización de las opiniones disidentes y de toda oposición política. Su definición de los crímenes perseguidos para estigmatizar el odio y los antagonismos étnicos es de tal imprecisión que sitúa al Estado capaz de lanzar las acusaciones evocadas arriba en cuanto lo considere necesario y de castigar a sus objetivos con graves penas de cárcel23. Lo que permite a la presidenta de la Comisión nacional de derechos humanos afirmar que no hay prisioneros políticos en Ruanda24. En semejante entorno, los medios de comunicación se encuentran estrechamente amordazados, de tal modo que los comportamientos de autocensura se añaden al hostigamiento de las autoridades. Estos últimos años, además, la represión de la libertad de expresión se ha abatido igualmente sobre los blogueros que utilizan la plataforma Youtube para abordar los temas políticos y sociales sensibles25-26. De tal modo que numerosos periodistas han huido al exilio y trabajan desde el extranjero, lo que tiene como consecuencia que exista sobre internet una estrecha vigilancia policial que se extiende desde los medios sociales hasta el terreno privado.

En fin, la sociedad civil está sometida al mismo régimen de control político y de represión estatal por lo que se le impide constituir un contrapeso al gobierno. Obstáculos levantados para el registro de organizaciones no gubernamentales, infiltraciones de agentes gubernamentales y amenazas de prohibición, tienen como resultado que únicamente las organizaciones que expresan posiciones acordes con el discurso oficial y que operan en el sentido de las grandes orientaciones definidas por el gobierno puedan ejercer una actividad normal. Por otra parte, para poner en práctica sus políticas represivas, el Estado ruandés despliega en el conjunto del territorio una densa y compleja infraestructura de vigilancia, que transforma el país, según un antiguo consejero de Paul Kagame, en un vasto “dispositivo de espionaje”27. Este control social se apoya en servicios de seguridad tan eficaces como temibles en materia de vigilancia pública y privada y de intimidación de las poblaciones. La Dirección de información militar (DMI) y el Servicio nacional de información y seguridad (NISS), especialmente, son totalmente adictos de Paul Kagame y solo rinden cuentas a él. Disponen en el ámbito local de la asistencia de la jerarquía administrativa y peinan todo el territorio hasta el umbral de cada hogar. Los agentes más poderosos son los omnipresentes secretarios ejecutivos de sector, que, en agosto de 2016, vieron que el ministro de tutela les confiaba la siguiente misión: “Debéis saber lo que sucede en cada casa”28. Ayudados por miembros de la población a los que confían pequeñas responsabilidades administrativas o a los que enrolan en fuerzas supletivas locales ejercen una vigilancia estrecha sobre las actividades y el discurso de la población. Una extendida red de agentes del Estado, de informadores y colaboradores oficiales o no oficiales satura de este modo la vida cotidiana y social de la población, garantizando la sumisión pública del ciudadano. Hundido en un clima generalizado de desconfianza, sospecha y delación, el ciudadano se ha convertido en un estratega en el arte de adaptar su discurso según las circunstancias29.

Ruanda es uno de los países en que se encarcela más e igualmente un país en el que procesos que pisotean los derechos de los acusados son organizados por una justicia a las órdenes del ejecutivo30. Cuando se trata de cortar de raíz una disidencia o una competencia política, las autoridades no dudan en liberarse de la legalidad y hacer uso de la violencia recurriendo a todo un arsenal criminal multiforme, trátese de arrestos arbitrarios seguidos de encarcelamientos en condiciones extremas, de detenciones ilegales prolongadas en lugares desconocidos donde la tortura es una práctica sistémica, de ejecuciones extrajudiciales o desapariciones forzadas de responsables de partidos políticos o de disidentes31. La organización de la opositora Victoire Ingabire, el partido político no registrado Dalfa-Umurinzi, paga desde hace años el pesado tributo a esta extrema represión. Además de los encarcelamientos que regularmente padecen sus miembros y el hostigamiento constante al que Ingabire misma es sometida tras haber sido encarcelada durante ocho años, varios cuadros del movimiento han desaparecido misteriosamente en esto últimos años32. Estas prácticas criminales sistémicas han llevado al Reino Unido, un país, sin embargo, aliado tradicional de Ruanda desde hace muchos años, a recomendar en 2021 al gobierno de Kigali que “lleve a cabo investigaciones transparentes, creíbles e independientes sobre las alegaciones de ejecuciones extrajudiciales, fallecimientos en lugares de detención, desapariciones forzosas y tortura”33. Se trataba de una recomendación meramente retórica, ya que las autoridades ruandesas, en el pasado, han rechazado llevar a cabo instigaciones creíbles con relación a fallecimientos sospechosos de opositores políticos o de críticos del régimen.

La represión transnacional

En fin, la naturaleza intrínsecamente represiva del régimen de Kigalile ha valido ser calificado de ser un actor “entre los más prolíficos a escala mundial” en materia de represión transnacional34-35. Invocando la necesidad de vigilar “la propaganda genocida y a los genocidas que han huido al extranjero”36, Kigali ejerce de hecho, por medio de sus embajadas, de agentes del ministerio de Defensa o de la DMI y de organizaciones de la diáspora, una vigilancia permanente de las comunidades ruandesas que viven en algunos países africanos, pero igualmente en Europa, América del norte y en Australia. Los servicios de información no dudan en difundir al respecto en los países occidentales o ante organismos como la Interpol falsas informaciones relativas a los “enemigos” de Ruanda37.

La oposición política en el exilio es objeto más específicamente de esta actividad, con asistencia de los medios tecnológicos más modernos38. Llegado el caso, cuando una voz disidente es considerada como una amenaza existencial para Ruanda, es reducida al silencio, sea por medio de amenazas y un hostigamiento que puede extenderse a los familiares residentes en Ruanda, seas por medio de la organización de un secuestro 39, 40,41, 42, 43, 44, 45, sea por la organización de un asesinato.

En los años 2010, tres personalidades fueron objeto de esta represión tras su ruptura con el régimen, por poseer informaciones susceptibles de quebrantar los fundamentos del régimen, sobre el desarrollo del genocidio y subida al poder de Paul Kagame. Faustin Kayumba Nyamwasa, antiguo jefe de estado-mayor del ejército, sufrió tres tentativas de eliminación en 2010 y 2011, Patrick Karegeya, antiguo jefe de los servicios de inteligencia e informaciones exteriores, fue asesinado en 2013, mientras que Théogène Rudasingwa, antiguo jefe del gabinete de Paul Kagame es objeto de un proyecto de la misma naturaleza46. En el momento del asesinato de Karegeya en un hotel de Joannesburgo, el presidente Kagame, si bien no reivindicó la trropelía, no obstante pronunció las siguientes palabras: “Quien se opone a nuestro país no escapará a nuestra furia. Sufrirá las consecuencias”47.

Una “democracia” de consenso

Además de la represión, el FPR y sus responsables apoyan su permanencia en el poder sobre el sistema político que han puesto en pie. Ruanda, en efecto, no es lo que muestra su fachada institucional, edificada para responder a las presiones del exterior. No es una democracia representativa fundada sobre el multipartidismo y elecciones libres, contrariamente a lo que exige el artículo 9 de la constitución de 2003. Paul Kagame lo afirmaba en el Foro de Doha de 2019: “Occidente no puede dictar su modelo de democracia al resto del mundo”48. Las autoridades recuerdan el pasado de violencia cíclica del país y sostienen que la experiencia del multipartidismo entre 1991 y 1994 fue uno de los factores que condujeron al genocidio – cuando incluso, en un primer momento, favoreció un acercamiento interétnico. Explican las autoridades que ello prohíbe que se produzca en Ruanda una evolución hacia una democracia liberal al estilo occidental, por lo que imponen la aplicación de severas restricciones a la actividad política. Si, oficialmente, el país es una “democracia”49, un atento examen del sistema político muestra que su arquitectura obedece estrictamente a los principios rectores de la ideología de unidad nacional y de reconciliación que guía la acción del FPR. Se considera o se da por supuesto que contribuye a la erradicación de la etnicidad en el terreno público y a la restauración de la armonía social por medio de la proscripción de toda idea de competición y oposición.

Según los dirigentes ruandeses, la verdadera democracia fundamenta la mayoría política no sobre la identidad étnica sino sobre un programa de unidad de todos los ruandeses decidida por consenso. La encarnación institucional resultante es el Foro de concertación de los partidos, presentado como un mecanismo de reparto/compartimiento del poder que agrupa en torno al FPR bajo un régimen calificado, precisamente, de “democracia de consenso”, al conjunto de formaciones autorizadas. Habiendo sido decretadas caducas las querellas interétnicas, estas formaciones deben consagrar su energía exclusivamente a la unidad y al progreso del país. El mecanismo se completa con disposiciones constitucionales por las que el presidente de la República, el Primer ministro y el presidente de la Asamblea, pertenecen cada uno a uno de los partidos políticos autorizados, mientras que el partido mayoritario no puede ocupar más del 50% de los puestos en el Gabinete.

Esta “democracia” de consenso responde a una estrategia de anuncio/ostentación de intenciones e instituciones democráticas que tratan de disimular lo que en realidad es una voluntad de manipulación para eludirlas. Esta “democracia” presenta la ficción de un pluralismo, pero el compartir le poder es pura ilusión cuya función es garantizar la hegemonía del FPR, que es quién él solo toma las decisiones estratégicas. Las formaciones agrupadas en torno al FPR en el seno del Foro de concertación son simples formaciones satélite que con ocasión de las elecciones presidenciales sostienen la presidente Kagame o presentan un candidato cuya función se limita a aportar una apariencia de credibilidad. Apoyan abiertamente la línea política e ideológica del FPR en el seno del Gabinete y del Parlamento. “No estamos ahí para oponernos al presidente Kagame sino para construir la nación. Nada de una oposición a la europea”50, declaraba en 2008 un responsable del Parido Liberal.

Los partidos que constituyen la auténtica oposición al Frente, no autorizados, se encuentran excluidos del juego político en nombre de la unidad nacional. Una ley de 2003, que da al Consejo de gobernanza de Ruanda el poder rechazar el registro de partidos políticos, de los que juzga que por su comportamiento o declaraciones no reflejan a unidad del pueblo ruandés, constituye el instrumento jurídico que permite este amordazamiento de la oposición. El Foro de concertación no es, por lo tanto, ni más ni menos que un instrumento que otorga al FPR los medios para controlar el terreno y el discurso político y para imponer al conjunto sus puntos de vista.

Los procesos electorales constituyen momentos de consolidación y legitimación de esta hegemonía del FPR y de Paul Kagame, especialmente con ocasión de las elecciones presidenciales. Al estar prohibidas las formaciones opositoras, ningún adversario auténtico se presenta contra el candidato del FPR; así que Paul Kagame es reelegido regularmente con el apoyo de más del 90% de los votos. La gestión electoral es asegurada en el ámbito nacional por una Comisión electoral nacional (CEN) totalmente adicta al poder, en el nivel local por los responsables administrativos territoriales y auxiliares del ejército. Éstos ejercen sobre la población las presiones necesarias para que el conjunto de la secuencia electoral, desde la participación en los mítines hasta el voto, vaya en el sentido de la “unidad” del país tal y como la define el gobierno.

Son numerosos los testimonios que describen prácticas desleales de registro en el censo, maniobras de intimidación, fraudes, incluso campañas de difamación. Al día siguiente del referéndum de 2015, el presidente podía declarar: “el pueblo ruandés, en su aplastante mayoría, ha querido que yo sea presidente siete años más”51. En Ruanda las elecciones no son ni libres ni equitativas. Los dirigentes hablan en nombre de los ruandeses sin consultarlos verdaderamente. El sistema garantiza al presidente de la República y al pequeño círculo de responsables, políticos y militares, hombres de negocios que le rodean, así como al FPR, un poder total. Controlan el gobierno, el Parlamento, el Senado y el aparato militar, a la vez que ejercen un monopolio sobre la economía por medio de su sociedad de inversiones Crystal Ventures. En el poder desde 1994, Paul Kagame planeaba presentarse en 2022 “para veinte años más”52.

Conclusión

El gobierno francés se ha comprometido resueltamente en una vía en la que uno de sus aliados privilegiados en África es un régimen que basa la perennidad de su poder exclusivo en la represión radical y brutal de toda oposición y en la permanente violación de los derechos humanos y de las libertades civiles. Este régimen es denunciado regularmente en la materia por organismos e instituciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Freedom House, Reporteros sin fronteras, Departamento de Estado americano53 o el Parlamento británico54. Semejante compromiso es extraño, ya que niega, en nombre de los intereses nacionales, el conjunto de los valores en los que se funda la reputación internacional de Francia. Al mismo tiempo es perjudicial para el discurso presidencial, cuando lo sitúa frente a declaraciones solemnes del Jefe de Estado en favor de los derechos humanos, de la democracia y del Estado de derecho. Por otra parte, constituye un error político. En efecto, cuando Emmanuel Macron va a Kigali para aportar a Paul Kagame el apoyo de Francia y para validar el relato oficial del genocidio, no solamente da resueltamente la espalda a una parte importante de la población ruandesa, esa cuyos sufrimientos pasados han sido ignorados y que sufre hoy el peso del Estado-FPR, sino que, igualmente, cierra los ojos sobre lo que las políticas represivas significan para la estabilidad futura de Ruanda.

Por fin, semejante compromiso, al acordar la confianza de Francia a Paul Kagame y a su régimen, choca por su ingenuidad. El presidente ruandés ha elevado la estrategia del disimulo y de la mentira mirando a los ojos al rango de un arte que no deja de practicar cada vez que sus intereses o los de su país están en juego. Se puede hacer la apuesta ganadora de que en el momento en que esos intereses lo exijan, Kagame hará que su nuevo aliado lamente haberle acordado imprudentemente su confianza. La actividad diplomática y secreta que han llevado a cabo durante unos meses el gobierno francés y sus servicios de información en el conflicto que opone la RDC a Ruanda55 con la finalidad de favorecer una resolución del mismo, participa de esta ingenuidad, a la vez que roza la complacencia: la ocupación duradera de una parte del este de la RDC es vital para Ruanda.

Serge Dupuis

Notas:

1. Emmanuel Macron, @EmmanuelMacron, Twitter, 10 décembre 2021.
2. Vie publique.fr, « Déclaration de M. Emmanuel Macron, Président de la République, sur les relations entre la France et l’Afrique, à Ouagadougou le 28 novembre 2017 ». 3. « De plus en plus contestée en Afrique, la France promeut une fondation pour soutenir la démocratie », Le Monde, 11 octobre 2022.
4. Vie publique.fr, op. cit.
5. « Louise Mushikiwabo : “Le sentiment antifrançais, de plus en plus visible en Afrique, est un signe des temps” », Le Monde, 18 novembre 2022.
6. Commission de recherche sur les archives françaises relatives au Rwanda et au génocide des Tutsis, La France, le Rwanda et le génocide des Tutsi (1990-1994), Rapport remis au Président de la République le 26 mars 2021, p. 972.
7. Robert F. Muse, Levy Firestone Muse LLP, A Foreseeable Genocide: The Role of the French Government in Connection with the Genocide Against the Tutsi in Rwanda, 19 avril 2021.
8. Sobre este punto particular, cf. Serge Dupuis, « Ce que dit et ne dit pas le rapport Duclert », Fondation Jean-Jaurès, 24 février 2022.
9. Paul Kagame, @Paul Kagame Twitter, 25 avril 2022.
10. « Kagame receives top award from La Francophonie parliament », The New Times, 10 juillet 2022.
11. Filip Reyntjens, « France and Rwanda Sacrifice Truth at the Altar of Reconciliation », World Politics Review, 9 juin 2021.
12. « Genocide: Kagame tasks historians, researchers to document history », The New Times, 11 septembre 2022 ; « Message du Président à l’occasion du colloque international sur le génocide des Tutsi », Élysée – Présidence de la République française, 11 septembre 2022.
13. « Macron au Rwanda : la France va débloquer plus de 350 millions d’euros », site Jeune Afrique, 29 mai 2021.
14. « Rwanda-France : le chef d’État-Major rwandais en visite officielle à Paris », site Jeune Afrique, 14 mars 2022.
15. « Le patron du renseignement militaire français à Kigali », Africa Intelligence, 25 novembre 2022.
16. « Un an après la visite d’Emmanuel Macron, “la confiance s’est installée” entre la France et le Rwanda », Le Monde, 27 mai 2022.
17. Michela Wrong, « Rwanda is a brutal, repressive regime. Holding the Commonwealth summit there is a sham », The Guardian, 22 juin 2022.
18. « Il n’y a qu’une seule vérité et nous la connaissons », afirmará un alto responsable en 2004 (Human Rights Watch, Law and Reality. Progress in Judicial Reform in Rwanda, New York, 2008, p. 36).
19. Filip Reyntjens, « From ethnic amnesia to ethnocracy: 80% of Rwanda’s top officials are Tutsi », African Arguments, novembre 2021 ; voir également Political Chronicles of the African Great Lakes Region, Institute of Development Policy, 2020, Anvers, p. 61 et 63.
20. Le processus d’unité nationale et de réconciliation au Rwanda, Commission nationale pour l’unité et la réconciliation, République du Rwanda, 2016, p. 3.
21. « Rwanda : le général Kabarebe prêche la haine contre les jeunes réfugiés hutu », Échos d’Afrique, 22 janvier 2020.
22. « L’immensité de ce qui a été accompli est presque miraculeux », declaraba el presidente en 2021, en el momento de las conmemoraciones del genocidio (« Kwibuka27 : Address by President Paul Kagame », The New Times, 7 avril 2021).
23. Sobre esta cuestión, ver: Filip Reyntjens, « Construction the Truth, Dealing with Dissent, Domestication the World », African Affairs 110, n° 438, 2011, pp. 15-16. Un instrumento político ha sido creado además en 2021 a fin de promover y proteger el discurso oficial. El ministerio de la Unidad nacional y del Compromiso cívico, a cuya cabeza Paul Kagame ha colocado a uno de los más ardorosos y más extremistas propagadores de la ideología del régimen, Jean-Damascène Bizimana, con el mandato de “profundizar la unidad nacional, preservar la memoria del genocidio contra los tutsi y educar la nueva generación de ruandeses con relación a los valores cívicos fundamentales de la nación” (« Cabinet creates new ministry in charge of national unity », The New Times, 15 juillet 2021).
24. The Chronicles@The Chronicles Twitter, 12 novembre 2022. Que exista semejante comisión en Ruanda constituye una soprendente paradoja, pero reveladora de la capacidad de instrumentalización política y del cinismo del que saben dar prueba los dirigentes ruandeses. 25. Sobre la repression de la Libertad de expresión y de la oposición política, ver: Filip Reyntjens : Political Chronicles 2021, pp. 87-88 ; Human Rights Watch, Rwanda : Arrests, prosecutions over YouTube posts, 30 mars 2021 ;
26. Rwanda: Crackdown on opposition, media intensifies », 19 octobre 2021 ; « Rwanda: Wave of free spech prosecutions », 16 mars 2022.
27. David Himbara, cité in Michela Wrong, Do Not Disturb: The Story of a Political Murder and an African Regime Gone Bad, HarperCollins Publishers, 2021, p. 473.
28. RFI, « Terrorisme : le Rwanda renforce ses mesures de sécurité », 31 août 2016.
29. Ver por ejemplo Maina Kiai, « Rwanda gets free pass at African Court », African Arguments, 3 mars 2022.
30. Paul Rusesabagina, personnage principal du film Hôtel Rwanda, en a fait l’expérience en 2021 et 2022 (« The Case of Paul Rusesabigana », TrialWatch, avril 2022).
31. La organización Human Rights Watch (HRW) ha denunciado al efecto la “recurrencia” de “fallecimientos” y de desapariciones sospechosas de críticos con el gobierno, de miembros de la oposición, dede actores de la sociedad civil y de periodistas: Arrests, prosecutions…, op. cit. Ver igualmente Rwanda : Unlawful Military Detention, Torture, HRW, octobre 2017 ; Call for independent investigation into Rwandan singer Kizito Mihigo’s death, HRW, 8 mars 2021 ; « Margaret Attwood joins writers calling for urgent action over missing Rwanda poet », The Guardian, 7 février 2022 ; « Ils nous ont dit qu’ils nous tueraient après le CHOGM, Aimable Karasira », Jambonews, 2 juin 2022.
32. Ver « Rwanda : un opposant politique condamné à 7 ans de prison pour avoir dénoncé une tentative d’assassinat à son égard », The New Times, 2 janvier 2023. 37th
33. Universal Periodic Review: UK Statement on Rwanda, Foreign, Commonwealth & Development Office, 25 janvier 2022.
34. Freedom House, Out of Sight, Not out of Reach. The Global Scale and Scope of Transnational Repression, février 2021, p. 22. Ver igualmente Freedom House, « Rwanda: Transnational Repression
35. , Special Report 2021, juin 2022 ; HRW, Repression Across Borders: Attacks and Threats Against Rwandan Opponents and Critics Abroad », 28 janvier 2014.
36. « Why government wants to reform anti-Genocide body », The New Times, 21 juillet 2020.
37. « Rwanda Fed False Intelligence to U.S. and Interpol As It Pursued Political Dissidents Abroad », OCCRP, 4 novembre 2022.
38. Amnesty International, Massive data leak reveals Israeli NSO Group’s spyware used to target activists, journalists, and political leaders globally, 18 juillet 2021.
39. El caso de Paul Rusesabagina ha sido objeto de una cobertura abundante en los media internacionales, pero decenas de otros ruandeses menos conocidos que el antiguo director del Hotel Mil Colinas, como el escolta de Paul Kagame, Joël Mutabazim han sufrido este tratamiento (ver « Rwandese Snatched and Sent Back Home
40. , Star, 8 juillet 2015 ;
41. Ugandan Officers Charged with Abducting Rwanda Refugees », East African, 9 janvier 2019 ;
42. Rebel Leader Maj Callixte Sankara Journey from Rwanda back to Rwanda », Chronicles, 17 mai 2019 ; David Himbara,
43. More than 50 Rwandan Refugees Based in Uganda Were Either Kidnapped to Rwanda, Disappeared or Killed in 2008–2015 », Medium, 17 février 2019 ;
44. Why Did Rwanda Abduct Our Dad? », Daily Beast, 18 octobre 2020 ;
45. Rwandan dissidents fearful after prominent critic of President Kagame gunned down in Maputo », Daily Maverick, 14 septembre 2021).
46. Michela Wrong, Do Not Disturb, op. cit.
47. « Paul Kagame’s Speech at Rwanda Leaders Fellowship Prayer Breakfast », Kigali, 12 janvier 2014.
48. Doha Forum 2019, Conversation with H.E. Kagame, YouTube, Doha, 14 décembre 2019.
49. « Paul Kagame : le Rwanda est une démocratie, pas une monarchie », Jeune Afrique, 12 avril 2016.
50. Françoise Janne d’Othée, Le Vif-L’Express, « Rwanda. Élections en trompe-l’œil », 17 septembre 2008. Sur tout ce passage, voir International Crisis Group, « Consensual Democracy in Post-Genocide Rwanda: Evaluating the March 2001 Elections », Africa Report 34, octobre 2001, p. 3.
51. « Paul Kagame : le Rwanda est une démocratie… », op. cit.
52. Entretien France 24, juillet 2022. 53. United States Department of State, 2019 Country Reports on Human Rights Practices, mars 2020, entrée sur le Rwanda.
53. United StatesDepartment of State 2019 Country Rappots,mars 2020, entrée sur le Rwanda
54. « Les députés britanniques proposent les sanctions Magnitsky contre Johnston Busingye », The Rwandan, 12 décembre 2021 ; ver también « How red flags were brushed aside to push through Rwanda deal », The Guardian, 9 septembre 2022.
55. « RDC-Rwanda : entre Tshisekedi et Kagame, comment Macron s’est imposé comme médiateur », Jeune Afrique, 23 septembre 2022 ; « Tensions Rwanda-RDC : la France soutient les efforts diplomatiques régionaux », Rwanda News Agency, 9 novembre 2022. Paris a tout récemment condamné « le soutien que le Rwanda apporte au groupe M23 » (« République démocratique du Congo/Rwanda. Extrait du point de presse », France-Diplomatie, 19 décembre 2022). Es lo menos que el Quai d’Orsay podía hacer, teniendo en cuenta la evolución de la situación en el este de la RDC y de las pruebas que se han acumulado con relación a la realidad de este apoyo. No obstante, ello no anuncia para nada una evolución en lo que respecta a la manera como Paul Kagame y el régimen de Kigali son percibidos en París.

Fuente: Fondation Jean Jaurès@j_jaures

[Traducción, Juan Luis Iribarren]

[CIDAF-UCM]

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