Aimée-Noël Mbiyozo, consultora sénior de investigación del Institute for Security Studies (ISS), a través de su artículo titulado «African countries should resist Europe’s assertive migration diplomacy» reflexiona sobre la política migratoria de los países europeos que, mientras critican al gobierno estadounidense de Donald Trump por sus duras medidas, buscan acelerar los procesos de deportación y limitar los permisos de residencia en sus países.
Mbiyozo narra cómo esta situación surgió a raíz de la crisis migratoria de 2015. Desde entonces, los gobiernos europeos han ejercido una presión creciente sobre algunos países africanos para endurecer sus fronteras y aceptar a devolución de migrantes, aunque estas políticas no respondan a los intereses de los propios países africanos. De este modo, muchos líderes europeos, en la práctica, terminan replicando métodos similares a los de Trump, recurriendo a una diplomacia cada vez más coercitiva para tratar de reducir los flujos migratorios hacia Europa. Esta política migratoria ignora las causas estructurales de la migración, como los conflictos, la persecución o las crisis humanitarias que empujan a las personas a desplazarse.
Un ejemplo es la reciente visita a Etiopía de la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad de Reino Unido, Yvette Cooper. Uno de los objetivos del viaje buscaba reducir la migración ilegal a través de una mayor cooperación para combatir a las bandas de traficantes que organizan la migración ilegal y la aceleración del retorno de etíopes desde el Reino Unido. Cabe destacar que en Reino Unido se ha dado una politización del discurso acerca de la migración, haciendo que se transmita una sensación de gravedad que dista en gran medida de la realidad. A través de su discurso, Reino Unido se centra desproporcionadamente en el sistema de asilo y está promoviendo la detención en alta mar y deportación masiva de los migrantes que lleguen a su territorio.
En cuanto a la Unión Europea, se están impulsando también reglas más duras que incluyen la creación de centros de detención externos, procedimientos de deportación más rápidos y mecanismos para castigar a países que no cooperen. En definitiva, están trabajando en una externalización de las fronteras, que la autora califica como “medidas previamente fallidas”.
Mbiyozo argumenta que afrontar la situación migratoria a través de políticas de asilo y forzar la cooperación africana en temas como detenciones o deportaciones no solo es injusto, sino que podría agudizar las causas profundas de la migración y fortalecer la inestabilidad en África. Por eso, concluye que los países africanos deberían resistir estas tácticas diplomáticas y Europa debería reconsiderar sus prioridades más allá de obtener beneficios políticos a corto plazo.
Fuente: ISS
[CIDAF-UCM]

