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Biafra: 50 años de la guerra que hizo del hambre un arma
06/02/2020 -

Por Marta Rodriguez

El conflicto comenzó porque el pueblo igbo declaró su independencia de Nigeria

Biafra fue sinónimo de niños llorosos con las barrigas hinchadas por el hambre y de grandes colectas de dinero. Pero, más allá de la foto de lo que fue el primer desastre humanitario retransmitido por periódicos y televisiones, la guerra en esta región de Nigeria entre 1967 y 1970 representa, en mayúsculas, las imperfecciones con que se cerró el colonialismo al África.

El miércoles 15 de enero hace 50 años que aquella brutal guerra terminó, una vez el general igbo Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu levantó la bandera blanca de la rendición después de 961 días (2,6 años) de conflicto bélico que conllevaron cientos de miles de muertos, la mayoría de hambre debido al cerco militar a la que fue sometida la población civil. Los datos varían según las fuentes: aunque se calcula que murieron entre 500.000 y dos millones de personas, hay quién aumenta el balance hasta tres millones. Aquella guerra dio pie al nacimiento de la ONG Médicos Sin Fronteras.

La de Biafra fue una guerra por la independencia de un país que nunca existió como tal, alrededor del gran delta del Níger, en el sureste de la actual Nigeria. De mayoría igbo, cristianos y animistas, los biafreños se integraron en territorios más amplios y, una vez Nigeria obtuvo de los británicos su propio pasaporte en 1960, quedaron divididos en tres provincias. Pero siempre conviviendo con otros grupos étnicos, como los ogoni, los idoma o los Igala. Y manteniendo, eso sí, "un sentimiento étnico", afirma Omer Freixa, historiador africanista de las universidades argentinas de Tres de Febrero y Buenos Aires.

Pero el delta del gran río no es sólo una fuente de diversidad étnica y cultural. Es también, y sobre todo, la gran fuente de riqueza de recursos naturales como el petróleo, que ha engrasado el motor de la economía nigeriana. El crudo y los beneficios de su explotación están en el origen de aquella guerra porque, según Freixa, los igbo se sienten "discriminados y maltratados" por el gobierno federal, al que acusan de no redistribuir la riqueza. En el trasfondo señalan una disputa por motivos religiosos porque el sur nigeriano es básicamente cristiano, y el norte, musulmán. Es una queja que se encuentra en todos los ADN de movimientos soberanistas, pero el historiador africanista remarca que las regiones del norte, de mayoría musulmana, son las más pobres.

En este contexto de "brecha étnica, religiosa y social", apunta Óscar Mateos, profesor e investigador de Global Codes de la Universidad Blanquerna, se debe entender el conflicto Biafra, el primer conflicto postcolonial. El Reino Unido y Francia, las grandes potencias colonizadoras de la región- van a utilizarlo para reavivar antiguos enfrentamientos por las fronteras. Londres se alineó con el gobierno nigeriano, mientras que Francia apoyó a los igbo con el objetivo de proteger los intereses de sus empresas en Níger. Biafra tenía a su favor la España franquista, que organizó campañas del Domund para los "negritos", y los regímenes del apartheid de Sudáfrica y la antigua Rhodesia, que vieron en Biafra una manera de dividir el panafricanismo que se estaba gestando.

La guerra había comenzado en mayo de 1967 cuando el coronel Ojukwu declaró la independencia de la República de Biafra, todo un desafío para la joven dictadura que intentaba unir un país grande y diverso y que no se podía permitir prescindir de las extracciones de los recursos naturales del Níger ni mostrar debilidad ante un puñado de rebeldes. "Es el primer conflicto moderno en que se utiliza el hambre como arma de guerra", afirma Òscar Mateos. La inmensa mayoría de víctimas no murieron ni en las trincheras ni por heridas, sino por inanición.

Cerco brutal

Un año después del inicio del conflicto, el ejército nigeriano emprende una dura ofensiva con miles de soldados desplegados por el territorio que controlan las fuerzas igbo, y estrecha el círculo. Durante meses, los militares queman campos de cultivos, sabotean la ayuda humanitaria y, en definitiva, dejan a Biafra aislada y sin recursos: criaturas desnudas con la barriga hinchada por la desnutrición, madres que llevan a cuestas los hijos que se han quedado en la piel y los huesos, inmóviles y sin fuerzas. La presencia de reporteros gráficos capta el drama humanitario que conmueve a un mundo todavía en plena Guerra Fría. La historia se repetirá la década posterior, también en el continente, con las grandes hambrunas de Etiopía y Somalia.

Es gracias al testimonio gráfico que la población en Europa y Estados Unidos se moviliza para ayudar a aquellas criaturas, y desde varios países se envían toneladas de material y ayuda humanitaria que supondrán un auténtico quebradero de cabeza para el Comité Internacional de la Cruz Roja, la organización encargada de gestionarla. El ente humanitario mantiene la neutralidad en el conflicto, a pesar de la pérdida de la vital ayuda para los civiles y bombardeos indiscriminados. En este sentido, Mateos, miembro del colectivo Africaye, subraya que Biafra supone el estallido del debate sobre el papel que deben tener las ONG. Cuando Ojukwu se rinde al grito de "mientras yo viva, Biafra vivirá", Bernard Kouchner y Jacques Mabit, que han trabajado para el Comité Internacional de la Cruz Roja, ya discrepan de su modelo y fundarán MSF, (Médicos sin Fronteras) con una concepción diferente, de "humanitarismo político", afirma Mateos.

Cinco décadas después, continúa el sentimiento identitario de los igbo, ahora repartido en cinco estados federados. Varios partidos y entidades reclaman un referéndum -innegociable para Nigeria- y la creación de Biafra. Amnistía Internacional ha denunciado la fuerte represión contra los soberanistas. Nnamdi Kanu, el líder de IPOB (Pueblo Indígena de Biafra, en sus siglas en inglés), fue detenido y encarcelado por sedición y traición y vive en el exilio en Londres, desde donde emite Biafra Radio. Kanu se define como judío que los igbo se consideran una especie de pueblo elegido y se proclaman sionistas.

Este artículo fue publicado originalmente en catalán en : Ara.cat Imagen : Ara.cat M. Asin

[Fundación Sur]

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