La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSS, por sus siglas en inglés), bajo la administración de Donald Trump, marca un cambio importante en la política estadounidense hacia África. A diferencia de la estrategia previa, bajo el mandato de Joe Biden, que dotaba a África de un papel activo en la diplomacia internacional, la NSS actual pone un fuerte énfasis en los intereses comerciales y de seguridad individuales de EE. UU. La estrategia estadounidense actual ignora las instituciones multilaterales y la ayuda al desarrollo, centrándose en relaciones bilaterales únicamente con los países de interés e incluso llevando a cabo acciones como restricciones migratorias y aranceles.
Joseph Sany, investigador del Institute for Security Studies (ISS), a través de su artículo «Five steps for Africa to thrive under the new US security strategy» sostiene que la respuesta no debe ser aislarse de EE. UU., pues éste seguirá siendo un socio importante para África en un mundo multipolar, sino que aboga por que los gobiernos africanos deben explotar esa relación de forma estratégica. Bajo este contexto, propone cinco pasos concretos para que los países africanos defiendan y promuevan mejor sus intereses bilaterales:
- Definir claramente sus intereses estratégicos nacionales y cómo sus relaciones con EE. UU. pueden contribuir a sus objetivos de desarrollo (por ejemplo, en sectores como minerales críticos o infraestructura).
- Fortalecer su presencia diplomática en Washington para promover activamente sus prioridades, fortaleciendo sus vínculos con los miembros de la Administración de Trump.
- Ampliar sus estrategias de incidencia más allá del gobierno federal de EE. UU. , involucrando actores como empresas estadounidenses, diásporas, universidades y gobiernos estatales, que pueden ofrecer recursos y relaciones útiles al margen de las restricciones políticas del gobierno.
- Adaptar sus tácticas de negociación para lidiar con el estilo de negociación de la Administración estadounidense, buscando acuerdos que satisfagan sus intereses a la vez que protejan las prioridades africanas.
- Reforzar plataformas multilaterales africanas, como la Unión Africana y las comunidades económicas regionales, para aumentar el poder conjunto de negociación frente a EE. UU.
Sany concluye que incluso frente a un enfoque estadounidense más orientado hacia intereses propios y relaciones bilaterales, es necesario que los países africanos trabajen en una respuesta fuerte, definida y unitaria. Solo de esta manera serán capaces de mantener relaciones productivas con EE. UU. mientras avanzan en sus propias agendas de desarrollo.
Fuente: ISS
[CIDAF-UCM]
