Resumen ejecutivo
Desde la llamada crisis migratoria de 2015 varios gobiernos europeos han intensificado la presión sobre países africanos para reforzar controles fronterizos y aceptar personas deportadas, independientemente de si estas medidas favorecen su estabilidad interna. Aunque líderes europeos marcan distancia retórica con políticas como las de Donald Trump, en la práctica han adoptado estrategias similares de externalización, aceleración de deportaciones y condicionamiento diplomático. Sin embargo, la evidencia sugiere que este enfoque no reducirá la migración en el medio y largo plazo y puede, por el contrario, agravar los factores que la impulsan. Los países africanos deberían evitar acuerdos centrados exclusivamente en contención y retorno forzoso, exigir coherencia en derechos humanos y promover marcos de cooperación que incluyan movilidad regular, desarrollo sostenible y estabilidad institucional.
Introducción
Tras 2015 Europa consolidó una estrategia de externalización migratoria orientada a frenar los flujos antes de que alcancen su territorio. El Reino Unido y la Unión Europea han reforzado alianzas con países de origen y tránsito para combatir redes de tráfico, acelerar retornos y endurecer controles. En febrero de 2026, la ministra británica Yvette Cooper visitó Etiopía para profundizar la cooperación frente a la migración irregular desde el Cuerno de África, combinando compromisos de desarrollo con acuerdos en materia de seguridad y retorno. Estas iniciativas se producen en un contexto de alta politización. En el Reino Unido, la migración ha superado a la economía como principal preocupación ciudadana, impulsando reformas destinadas a restringir beneficios de asilo, agilizar deportaciones y limitar recursos legales. De forma paralela, la Unión Europea avanza en normas más restrictivas que incluyen procedimientos acelerados y mayor presión diplomática sobre países considerados “no cooperativos”.
Enfoque y resultados
El argumento central de la diplomacia migratoria europea es que una cooperación más estricta con África reducirá llegadas irregulares. Sin embargo, los propios datos británicos muestran que los retornos relacionados específicamente con solicitantes de asilo representan una proporción limitada del total de deportaciones, y que muchos solicitantes procedentes de Sudán o Eritrea obtienen protección, lo que evidencia la existencia de conflictos y persecución reales. Esto sugiere que el fenómeno no puede abordarse únicamente como un problema de control fronterizo.
Experiencias recientes refuerzan esta conclusión. El acuerdo británico con Ruanda para procesar solicitudes de asilo fuera del territorio nacional implicó altos costos financieros y escasos resultados prácticos antes de su cancelación. A nivel europeo, acuerdos con países como Libia y Mauritania han generado fuertes críticas por posibles violaciones de derechos humanos, incluyendo deportaciones a contextos inseguros y detenciones arbitrarias. La financiación y el equipamiento proporcionados en estos marcos plantean interrogantes sobre la responsabilidad de la Unión Europea cuando existen abusos documentados. Además, condicionar ayuda y cooperación al control migratorio puede reforzar aparatos de seguridad en Estados frágiles sin fortalecer mecanismos democráticos ni abordar causas estructurales como conflictos armados, crisis humanitarias o falta de oportunidades económicas. En lugar de disminuir la migración, estas dinámicas pueden intensificar la inestabilidad y, en consecuencia, los desplazamientos.
Existen alternativas con antecedentes en Europa. Desde la década de 1990 se han aplicado múltiples programas de regularización que permiten integrar laboral y fiscalmente a personas en situación irregular. Estos mecanismos facilitan la contribución económica, mejoran la trazabilidad administrativa y reducen la vulnerabilidad, ofreciendo beneficios tanto para los países receptores como para las personas migrantes.
En definitiva, la estrategia actual privilegia ganancias políticas de corto plazo sobre soluciones sostenibles. Para los países africanos, aceptar sin condiciones esta diplomacia asertiva puede implicar costos significativos en soberanía, gobernanza y estabilidad. Una cooperación equilibrada, basada en derechos, movilidad regulada y desarrollo estructural, ofrece mayores garantías de resultados duraderos para ambas regiones.
Nuria Tian Almena López
CIDAF-UCM
Referencias:
- Lagemann, C. (2025): “EU Externalization of Migration Control and Its Human Rights Implications”, Human Rights Research Center, 13 de noviembre. Disponible en: https://www.humanrightsresearch.org/post/eu-externalization-of-migration-control-and-its-human-rights-implications
- Mbiyozo, A. (2026): “African countries should resist Europe’s assertive migration diplomacy”, ISS Today, 19 de febrero. Disponible en: https://issafrica.org/iss-today/african-countries-should-resist-europe-s-assertive-migration-diplomacy
- Streamline (2026): “Fortress Europe: Why Africa Must Reject Migrant Diplomacy”, Streamline, 19 de febrero. Disponible en: https://streamlinefeed.co.ke/news/fortress-europe-why-africa-must-reject-migrant-diplomacy
