Ruanda comenzó el pasado agosto una campaña nacional contra la producción y distribución ilícita de alcohol. El ministro de Salud, Sabin Nsanzimana, informo que de los cerca de 20 millones de litros de etanol que Ruanda importaba, solo cerca de 500.000 litros se utilizaban para usos legítimos. Según el ministro, el 90 % de las importaciones de etanol estaba destinado a la producción de bebidas ilícitas y únicamente el 10 % restante se utilizaba con fines lícitos, incluidas aplicaciones industriales o la producción de desinfectantes para centros sanitarios. Como consecuencia de las medidas, unas 250 fábricas de bebidas alcohólicas se han cerrado en los últimos meses.

Nsanzimana señaló que los productores de bebidas alcohólicas ilícitas utilizaban este etanol importado y lo diluían con agua para reducir hasta el 40 % el contenido de alcohol. Posteriormente, a ese líquido le añadían sabores para hacer que las bebidas fueran más atractivas para los consumidores, siendo algunas de estas bebidas vendidas bajo la etiqueta de «energéticas».

Fruto de estas medidas, los centros de salud ruandeses han registrado una disminución del 80 % en los casos de emergencias derivados de agresiones, tan sólo 2 meses después de la retirada de bebidas alcohólicas ilícitas de los mercados. Según informan desde la administración, los centros de salud ruandeses atendían alrededor de 100 personas cada tres días debido a problemas relacionados con el consumo de estas bebidas alcohólicas.

Fuente: The New Times

[CIDAF-UCM]