En la capital de Madagascar, Antananarivo, la ocupación del espacio público por parte del comercio informal, los vehículos y el transporte público está llegando a expulsar a los peatones de las aceras. En diversos barrios céntricos como Analakely, Ampasampito, Ambanidia y Behoririka, la proliferación de puestos de venta, el estacionamiento en la vía pública y la congestión del tráfico dificultan el tránsito peatonal diario. En zonas como la ya mencionada Ampasampito, la presencia comercial en las aceras es tan intensa que se han debido colocar barreras en un lateral de la calzada para improvisar pasillos peatonales seguros. Sumado a esta presión, aparece el colapso del tráfico vehicular, estimado por la Comuna Urbana de Antananarivo (CUA) entre 100.000 y 250.000 vehículos diarios en vías diseñadas para un máximo de 50.000, así como la gestión de unos 1.200 puntos de parada de autobús que a menudo carecen del espacio necesario para acoger a pasajeros y vehículos.
Esta sobreocupación de la vía pública representa un riesgo constante para trabajadores, estudiantes, ancianos y personas con movilidad reducida, quienes se ven forzados a caminar directamente por la calzada, además de suponer un grave problema de desarrollo y comodidad en la vía pública. Ante este escenario, el reto de la gestión urbana plantea conseguir que los comerciantes puedan mantener su nicho económico a la par de la existencia de un espacio cómodo y de movilidad segura para los ciudadanos.
Fuente: lexpress
[CIDAF-UCM]
