Zambia, un país sin litoral del sur de África, ha dependido históricamente de la energía hidroeléctrica como principal fuente de electricidad, pero esta dependencia se ha convertido en un serio problema.
¿Cuál es el problema?
La presa de Kariba fue construida en la década de 1950 sobre el río Zambeze; y abastece tanto a Zambia como a Zimbabue. Durante décadas, fue símbolo de modernidad e infraestructura avanzada. Pero el cambio climático, la mala gestión del agua y una planificación energética deficiente han transformado esta fuente de energía en un serio peligro. En tiempos recientes, la capacidad de generación de la represa ha caído drásticamente debido a los bajos niveles de agua, provocando apagones generalizados y perjudicando gravemente la economía del país.
¿Por qué ha ocurrido esto?
La principal causa de la crisis es la prolongada sequía que afecta a la región, intensificada por el cambio climático. El Zambeze ha registrado flujos de agua muy por debajo de lo normal, lo que impide que las turbinas de Kariba operen a plena capacidad. En algunos momentos, la presa ha funcionado por debajo del 30 % de su capacidad. Esto ha llevado al gobierno a implementar cortes de electricidad de hasta 12 horas diarias, afectando a hogares, hospitales, escuelas, y sobre todo, a la industria minera, que representa aproximadamente el 70 % de los ingresos por exportación de Zambia.
¿No tiene otras dimensiones esta crisis?
Además del impacto ambiental, también hay una dimensión política y económica. Zambia ha invertido miles de millones de dólares en ampliar su capacidad hidroeléctrica, ignorando advertencias sobre los riesgos de depender exclusivamente de una fuente de energía vulnerable al clima. Las políticas energéticas han carecido de diversificación: no se ha hecho suficiente para desarrollar fuentes alternativas como la solar, la eólica o incluso la térmica. Esto ha dejado al país mal preparado ante las fluctuaciones climáticas.
¿Qué hace el gobierno para solucionar este problema?
La crisis ha obligado al gobierno a buscar ayuda internacional y a acelerar los proyectos de energía renovable. Se han anunciado iniciativas solares a gran escala, como parte de un esfuerzo por diversificar la matriz energética. Sin embargo, estos proyectos tardarán años en implementarse y no ofrecen una solución inmediata a la escasez actual. Mientras tanto, el costo social sigue aumentando: negocios cerrados, alimentos que se pudren por falta de refrigeración, estudiantes que no pueden estudiar por la noche, y hospitales sin suministro eléctrico continuo.
¿Hay otros países en África que puedan tener problemas semejantes?
Ciertamente, la situación de Zambia es una advertencia para otros países en desarrollo que ven en las megapresas una solución mágica a sus necesidades energéticas. Si no se acompaña de una estrategia de flexibilidad y de diversificación de los recursos de electricidad, la infraestructura más ambiciosa puede convertirse en un punto de fracaso catastrófico. Zambia está aprendiendo esta lección de forma dolorosa, y su experiencia debería servir como ejemplo para evitar que otras naciones sigan el mismo camino.
Bartolomé Burgos
[CIDAF-UCM]
