Paul Kagame, jefe de Estado de Ruanda, asumió públicamente por primera vez, durante una reunión del Comité Ejecutivo de su Partido político, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), reunión a la que, al parecer, también asistieron miembros del cuerpo diplomático, algo que tanto la República Democrática del Congo (RDC) como la comunidad internacional denuncian desde hace años: el destino de la rebelión M23 (que ocupa, administra y explota amplias zonas de Kivu Norte y Kivu Sur en el este de la RDC)  y el de Ruanda estarían estrechamente ligados. Al ligar directamente la supervivencia de su país al de la rebelión, ha oficializado el apoyo a los rebeldes, que hasta ahora negaba. La máscara ha caído, titulan los medios congoleños.

Hacer desaparecer el M23 es también hacer desaparecer Ruanda”, así se ha expresado Paul Kagame ante los cuadros de su partido: “When they said they would make M23 disappear, they meant: Even Rwandam we will make you disappear” (cuando dijeron que harían desaparecer el M23, querían decir incluso haremos desaparecer Ruanda). Kagame se nuestra dispuesto a todo, hasta un sacrificio supremo, “No quiero que tal cosa suceda… Si no logro evitarlo, pienso que nos encontrarán preparados…La única manera de hacerme callar será cuando haya muerto”.

En un contexto de sanciones internacionales cada vez más amplias contra miembros de grupos armados y contra responsables del ejército ruandés, Kagame ha optado por no callarse y endurecer su discurso. Cabe recordar que hasta hace poco Ruanda había negado las evidencias de su implicación en apoyo de Alianza Río Congo (AFC)/M23. El discurso ante los suyos prueba que Kagame no está dispuesto a abandonar la RDC y que Ruanda permanecerá en una zona que ya considera como su protectorado, utilizando el pretexto de la defensa de las comunidades tutsi congoleñas.

Al ligar la desaparición del M23 con los intereses vitales de Ruanda, Kagame, de rebote, pone en evidente dificultad al movimiento rebelde en su conjunto, a la Alianza Río Congo (AFC) en particular, cuyo jefe, Corneille Nangaa reivindica su autonomía y “congoleñidad” y jura que su objetivo es alcanzar el poder en Kinshasa y derrocar el régimen establecido por el presidente Tshisekedi; pero ahora, su presunto padrino ruandés acaba de presentar al movimiento rebelde como una prolongación de Ruanda.

La incomodidad es más molesta todavía para Joseph Kabila, que ha coqueteado con el movimiento rebelde. Un tribunal militar le condenó a muerte en septiembre de 2025 por presunta colusión con la agresión ruandesa. Su plataforma política, “Salvemos la RDC”, considera la decisión del tribunal “nula y sin ningún efecto”, porque Kabila no depende de ningún actor extranjero y el M23 es una causa puramente congoleña. El discurso de Kagame no le hace precisamente un favor.

Fuentes: Afrik.comBeto.cd

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