El presidente de la República Democrática del Congo (RDC), Félix Tshisekedi, ve que la fecha de la terminación de su segundo mandato se aproxima. En una conferencia de prensa del 6 de mayo el mandatario se ha decidido a adelantar cuáles son sus pretensiones. La mayoría presidencial, desde hace ya varios meses, baraja la necesidad de modificar la Constitución de 2006; modificación que podría abrir la puerta a la posibilidad de un tercer mandato de Tshisekedi; algo expresamente prohibido por la Constitución en vigor, que establece taxativamente que de ningún modo puede superarse la cifra de dos mandatos. Tshisekedi declaró:
“No he solicitado un tercer mandato, pero ya les digo, si el pueblo quiere que yo opte por un tercer mandato, aceptaré. Mi aspiración más ardiente es que esta República encuentre su estabilidad, su dignidad y que se ponga sobre buenos railes […] jamás se hará sin consultar al pueblo congoleño, esto es, se hará por medio de un referéndum”.
En la conferencia aludió como justificación de una revisión constitucional la petición en ese sentido de los norteamericanos. Aunque resulta un tanto insólito que los inversores americanos que pretenden tener acceso a la explotación y comercialización de los minerales raros congoleños, en competencia con los chinos instalados desde hace años en el Congo, plantearan tal exigencia.
Lo que es evidente es que el presidente Tshisekedi ha descubierto una pasión muy africana: la del poder prolongado. Se muestra dispuesto a “volver” si los congoleños se lo piden y a responder “al llamamiento del pueblo”. Todos los presidentes con vocación de perpetuidad (de Abiyán a Kampala, de Brazzaville a Kigali, por citar algunos) han utilizado la misma retórica; no dicen “¡quiero permanecer en el poder!”, argumentan que “obedecen a una necesidad superior, a una urgencia nacional, a una petición popular”.
Además de la cuestión del tercer mandato, Tshisekedi planteó en el encuentro con periodistas, el aplazamiento de las elecciones generales, previstas para finales de 2028:
“Si desdichadamente no podemos terminar esta guerra, no podremos organizar las elecciones en 2028 […] Tenemos los recursos, podríamos hacerlo, pero no las vamos a organizar sin el Kivu Norte y el Kivu Sur. Mirad Ucrania, hace dos años habría debido tener elecciones, pero el mundo entero comprendió que el Sr. Zelesnky no podía organizarlas”.
La oposición y la sociedad civil han reaccionado ante el posible aplazamiento electoral. El movimiento Lutte por le changement (Lucha) señaló:
“Si no se pueden organizar las elecciones mientras los Kivus están ocupados (por los rebeldes del M23), ¿cómo se puede organizar un referéndum de modificación de la constitución sin esas provincias?”.
¿Significa las declaraciones del presidente que en tanto dure el conflicto en los Kivus no podrán celebrarse elecciones en el país? La inestabilidad e inseguridad en los Kivus se convierte en un seguro de vida para el poder político de Tshisekedi. Se invoca la guerra para suspender o atrasar la democracia y, al mismo tiempo, se organiza un referéndum (para un tercer mandato) para consolidar y prorrogar el propio poder.
Ramón Arozarena
[CIDAF-UCM]
