Assimi Goita, líder militar de Malí, insistió el 28 de abril en que la situación en su país estaba bajo control durante su primer discurso público desde que los ataques a gran escala sin precedentes de los días 25 y 26 de abril desestabilizaran a su junta militar. Yihadistas y separatistas tuareg siguen apostados en el norte del extenso país saheliano, pocos días después de lanzar una impresionante ola de ataques en lo que el jefe de la Junta militar reconoció como una situación de extrema gravedad.
Goita no había hecho ninguna aparición pública ni declaración durante tres días, lo que alimentó dudas sobre su capacidad para mantenerse en el poder, pero el 28 de abril por la noche, horas después de que los yihadistas amenazaran con bloquear la capital, Bamako, se dirigió a la nación a través de la televisión estatal.
En su mensaje a la nación Goita declaró que se han reforzado las medidas de seguridad y que continúan las operaciones de limpieza y las labores de búsqueda de insurgentes. Goita también aprovechó la oportunidad para instar a la población a plantar cara a la división y la fractura nacional.
Los recientes ataques fueron los más grandes en casi 15 años y vieron a dos antiguos adversarios —insurgentes islamistas y separatistas tuareg— unir fuerzas contra la junta militar y sus aliados paramilitares rusos. El ministro de Defensa, Sadio Camara, considerado el artífice del acercamiento de la Junta militar del Malí a Rusia, se encuentra entre los 23 fallecidos.
En su reunión con Goita, el embajador ruso Igor Gromyko reafirmó el compromiso de su país de apoyar a Malí en la lucha contra el terrorismo. El Ministerio de Defensa ruso había declarado previamente que los rebeldes, que capturaron la estratégica ciudad de Kidal en el norte, mayoritariamente desértico, se estaban reagrupando. También confirmó que los mercenarios del Cuerpo Africano de Rusia, controlado por el gobierno de Moscú y enviado para apoyar a la junta maliense, se habían visto obligados a retirarse de la ciudad de Kidal.
Los últimos ataques de los insurgentes plantean serias dudas sobre la capacidad de la junta militar para afrontar la crisis. La notable ausencia durante varios días de Goita, que tomó el poder en 2020 prometiendo combatir a los militantes islamistas, había generado incertidumbre sobre el futuro de los líderes militares del país. Como muestra de la incertidumbre y alta tensión, el ejército se ha retirado de varias posiciones en la región norteña de Gao, según informaron fuentes locales.
Gao es el segundo bastión militar más grande del ejército después de Kati, una ciudad guarnición cercana a Bamako, donde residen varios altos funcionarios de la Junta militar y que fue blanco de los ataques del 25 y 26 de abril.
Fuente: La Presse
[Traducción y edición, Jesús Zubiría]
[CIDAF-UCM]
