El 25 de abril se escucharon disparos en Kati, donde se encuentra una importante base militar en las afueras de la capital, y se vieron hombres armados en las calles de Kidal. Hubo explosiones y tiroteos continuos en Bamako, la capital de Malí, al mismo tiempo que grupos rebeldes armados lanzaban ataques coordinados que aún continuaban en todo el país el 26 de abril. También se han señalado enfrentamientos en Gao y en las ciudades centrales de Sevare y Mopti.
El ejército Malíense informó el 25 de abril por la noche que se estaban realizando esfuerzos para repeler los ataques y que algunos milicianos ya habían huido.
Malí ha estado asolado durante años por insurgencias de grupos afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico, así como por un movimiento separatista tuareg delAzawad, en el norte del país. El ataque actual es considerado como el mayor ataque yihadista en años.
Según informes locales, el ataque del Frente de Liberación de Azawad (FLA), grupo separatista que busca un estado étnico tuareg independiente, se centró principalmente en ciudades del norte, mientras que el grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) llevó a cabo ataques simultáneos en múltiples lugares del país.
El ejército de Malí afirmó estar combatiendo a lo que describió como grupos terroristas, que han sido derrotados, dejando varios cientos de muertos. Pero no ha sido posible verificar de forma independiente esta afirmación. En la capital de Malí, Bamako, se han establecido puestos de control en las carreteras que conducen al aeropuerto y se están registrando los vehículos, según informes locales. Se ha impuesto un toque de queda desde las 21:00 hasta las 06:00 hora local durante las próximas tres noches. El Aeropuerto Internacional de Bamako ha sido cerrado temporalmente.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha condenado los actos de violencia y expresado su solidaridad con el pueblo Maliense. Al mismo tiempo ha hecho un llamamiento a la coordinación del apoyo internacional para hacer frente a la creciente amenaza del extremismo violento y el terrorismo en el Sahel y para atender las urgentes necesidades humanitarias.
El FLA lleva años luchando por la creación de su propio territorio tuareg en el norte de Malí, sobre el cual ejerce el control efectivo de una amplia zona. Malí está actualmente gobernado por una Junta militar, liderada por el general Assimi Goïta, que tomó el poder mediante un golpe de Estado en 2020, prometiendo restablecer la seguridad y reprimir a los grupos armados. Sin embargo, la insurgencia yihadista ha continuado y amplias zonas del norte y el este del país permanecen fuera del control gubernamental.
Fuente: Le Nouvel Obs
[Traducción y edición, Jesús Zubiría]
[CIDAF-UCM]
