Ruanda informó el pasado 21 de marzo que podría retirar sus tropas desplegadas en operaciones antiyihadistas en el norte de Mozambique si no se garantiza la financiación suficiente para la misión.
El anuncio fue realizado después de que los medios de comunicación informaran que la financiación del Fondo Europeo para la Paz (FEP) en la región se agotaría en mayo si no se procedía urgentemente a su renovación. El presidente de Mozambique, Daniel Chapo, declaró que aún no hay información oficial sobre el fin de las misiones de Ruanda y la Unión Europea en el país, y dejó abierta la posibilidad de una renovación.
Ruanda ha mantenido desde 2021 una fuerza cercana a los 1.000 soldados y policías en la provincia mozambiqueña de Cabo Delgado, ayudando a combatir a los insurgentes afiliados al Estado Islámico.
El norte de Mozambique posee enormes reservas de gas, que han atraído la atención de gigantes energéticos como la francesa TotalEnergies, la italiana ENI y la estadounidense ExxonMobil. Se espera que los proyectos de gas natural licuado generen miles de empleos y conviertan a Mozambique en uno de los mayores exportadores de GNL del mundo.
Los analistas discrepan sobre las posibles consecuencias de la retirada de las fuerzas ruandesas de Cabo Delgado. Algunos consideran que la amenaza es una estrategia europea para que Mozambique asuma los costes de la seguridad utilizando los ingresos del gas. Otros piensan que la retirada de los ruandeses de Cabo Delgado no beneficia a ninguna de las partes, ni a Mozambique, ni a Ruanda, y mucho menos a la Unión Europea. En lo que sí coinciden es en afirmar unánimemente que la presencia de fuerzas ruandesas evidencia la incapacidad de las tropas nacionales para garantizar la seguridad de la región.
Fuente: O Pais
[Traducción y edición, Jesús Zubiría]
[CIDAF-UCM]
