En Gitega, en la región central de Burundi, el aumento del precio del carbón vegetal está poniendo contra las cuerdas a miles de hogares. En apenas un mes el costo de un saco pasó de 70.000 a 85.000 francos burundeses, una subida que golpea directamente a familias cuyos ingresos permanecen estancados. Para muchos trabajadores asalariados, el gasto destinado a la cocción de alimentos consume ahora una parte desproporcionada del presupuesto familiar, llegando en algunos casos a superar el gasto en comida.
Uno de los factores clave detrás de este encarecimiento es la fuerte demanda procedente de Buyumbura, donde los precios del carbón alcanzan niveles más altos. Los transportistas que abastecen Gitega suelen cargar grandes cantidades de carbón, lo que incentiva a los vendedores locales a elevar sus precios y alinearlos progresivamente con los del principal centro urbano del país. Esto ha generado temor entre los habitantes locales a que el alza se vuelva permanente. Esta crisis se ve agravada por la ausencia de alternativas energéticas viables. A diferencia de Buyumbura, donde una parte de la población utiliza gas o electricidad, en Gitega el carbón vegetal sigue siendo prácticamente la única fuente para cocinar. El acceso al gas es limitado y los equipos necesarios son escasos y costosos, mientras que el suministro eléctrico es inestable y poco fiable para una cocción prolongada.
Además del impacto económico, la situación tiene consecuencias ambientales. La presión sobre los recursos forestales es cada vez mayor y la explotación sin control acelera la deforestación en las colinas cercanas. Para muchos residentes, avanzar hacia el uso del gas no solo es una necesidad económica urgente, sino también una medida clave para proteger el medio ambiente y reducir los riesgos de la erosión y el cambio climático.
Fuente: Les voix du Burundi
[CIDAF-UCM]
