Seguridad a cambio de minerales. Ese es el eje del acuerdo entre el gobierno de Estados Unidos y el de la República Democrática del Congo (RDC), base del U.S.-DRC Strategic Partnership Agreement, firmado el pasado 4 de diciembre en Washington. En esa misma ocasión también se suscribió una declaración conjunta entre la RDC y Ruanda para la aplicación de los acuerdos de paz.

Un primer paso concreto para la implementación del partenariado es el acuerdo preliminar anunciado el 3 de febrero entre el Orion Critical Mineral Consortium y la empresa Glencore, que contempla la posible adquisición, por parte del consorcio, del 40 % de dos compañías mineras congoleñas actualmente propiedad de la multinacional suiza. Se trata de Mutanda Mining (MUMI) y de la Kamoto Copper Company (KCC).

El Orion Critical Mineral Consortium tiene como objetivo “apoyar a Estados Unidos y a las naciones aliadas y asociadas en el desarrollo de cadenas de suministro seguras, responsables y resilientes para minerales esenciales que respalden el crecimiento económico futuro y la seguridad”, según el comunicado oficial que anunció su creación. El consorcio fue fundado en 2025 por la empresa privada Orion Resource Partners LP y por la agencia pública estadounidense U.S. International Development Finance Corporation (DFC).

La DFC, creada en 2019, actúa como el brazo de inversión internacional del gobierno estadounidense. Según la propia entidad, colabora con el sector privado para promover la política exterior de Washington y reforzar la seguridad nacional mediante la movilización de capitales privados a nivel global. Sus inversiones se concentran en sectores estratégicos como minerales críticos, infraestructuras modernas y tecnologías avanzadas, con el objetivo de fomentar el desarrollo económico, respaldar los intereses estadounidenses y generar beneficios para los contribuyentes del país (según se explica en el comunicado citado precedentemente).

El acuerdo, aún en fase de finalización, podría alcanzar un valor de 9.000 millones de dólares y permitiría situar bajo influencia estadounidense a dos productores clave de cobre y cobalto congoleños.

El componente de seguridad del acuerdo entre Kinshasa y Washington también se articula a través de un modelo de cooperación público-privada. El empresario estadounidense Erik Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater, ha contribuido a apoyar al ejército congoleño en la recuperación de Uvira, segunda ciudad más importante de la provincia de Kivu del Sur, que había caído en manos de los rebeldes pro ruandeses del M23. Las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, situadas en el este del país, son ricas en recursos estratégicos como el coltán.

Según fuentes francesas, la administración Trump estaría preparando nuevas sanciones contra Ruanda dirigidas a altos funcionarios del sector de seguridad. Washington exige la retirada de los rebeldes del M23 de las zonas ocupadas tras la firma del acuerdo de paz de diciembre.

Prince, actualmente al frente de la empresa Vectus Global, ha firmado recientemente un acuerdo con el gobierno de Kinshasa para crear “brigadas fiscales”. Estas unidades tienen la misión de combatir el contrabando de minerales y mejorar la recaudación tributaria, especialmente en las regiones del sur del país ricas en cobre y cobalto, precisamente donde se ubican las minas incluidas en el acuerdo entre Glencore y el Orion Critical Mineral Consortium.

Estados Unidos obliga al M23 a retirarse de Uvira

«Las presiones de Estados Unidos han obligado al M23 a retirarse de Uvira», informan a la Agencia Fides fuentes locales desde la segunda ciudad más importante de Kivu Sur, disputada durante las últimas semanas entre las fuerzas armadas congoleñas y los rebeldes pro ruandeses.

«A lo largo de la semana está previsto que los combatientes del M23 se retiren de Sange -uno de los municipios del territorio de Uvira-, último poblado que aún permanece bajo su control, para desplazarse hacia Kamanyola, donde los rebeldes están presentes desde hace al menos seis meses», añaden las fuentes de Fides.

Las presiones estadounidenses para lograr la retirada del M23 de Uvira no se han limitado al ámbito político y diplomático, sino que también se han sustentado en acciones concretas sobre el terreno. «Hay alrededor de veinte oficiales estadounidenses que apoyan al ejército congoleño. La mitad serían mercenarios de una empresa militar privada y el resto militares de las fuerzas armadas estadounidenses, quienes habrían planificado la ofensiva gubernamental e identificado los objetivos que debían ser atacados con drones en caso de que el M23 no se retirara», señalan las fuentes de Fides.

Fuente: Agencia Fides