Las pasadas elecciones de Uganda, celebradas el 15 de enero, se desarrollaron en un crispado ambiente político crispado y que se ha ido tensando según avanzaban las diferentes campañas electorales. Tras las votaciones del pasado jueves, el actual presidente del país, Yoweru Museveni, de 81 años, ha renovado su séptimo mandato en el país, llevando ya en el poder desde 1986. La Comisión Electoral declaró este domingo que Museveni ha obtenido el 71,65 % de los votos, y se estima que el principal líder de la oposición, Bobi Wine, por su nombre artístico, haya obtenido el 24,7 %. No obstante, este candidato ha rechazado los resultados considerándolos fraudulentos y denunciando que el proceso ha sido manipulado desde el poder.
Durante la semana electoral se dio un apagón nacional de internet, una situación que ha sido criticada por atentar contra la transparencia del proceso y la observación efectiva por parte de terceros países y organismos internacionales. Además, durante los mítines políticos en el periodo de campaña electoral, se dieron episodios de secuestros, arrestos e intimidación que han obstaculizado la propagación del discurso de la oposición, y condicionado la legitimidad de los resultados. Naciones Unidas ha declarado que este periodo electoral estuvo empañado por una «represión e intimidación generalizadas«.
Tras conocerse los resultados, se produjeron disturbios y enfrentamientos en varios localidades del centro de Uganda y en la ciudad de Kampala, con al menos 12 muertos a manos de las fuerzas de seguridad y decenas de heridos y arrestados. Bobi Wine, que ha denunciado que el viernes por la noche su residencia fue rodeada e invadida por fuerzas de seguridad, viéndose obligado a huir y buscar un lugar seguro, quedando parte de su familia en el interior, reiteró su rechazo total a los resultados electorales y condenó el asesinato de los manifestantes. Por su parte, Museveni, niega todas estas acusaciones y defiende la legitimidad de su victoria.
[CIDAF-UCM]
