El general Mamadi Doumbouya ha sido oficialmente investido como presidente de Guinea el sábado 17 de enero, marcando así el fin de más de cuatro años de gobierno militar tras el golpe de Estado liderado por él en 2021, cuando prometió que no se presentaría posteriormente a las elecciones. La ceremonia tuvo lugar en un nuevo estadio con aforo para unos 55.000 asistentes en la periferia de Conakry y contó con la presencia de líderes africanos y representantes regionales, incluyendo a los presidentes de Ruanda, Gambia o Senegal, así como el vicepresidente de China y funcionarios de Francia y Estados Unidos, además de representantes de la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS). Doumbouya ganó las elecciones en diciembre de 2025 con aproximadamente el 86,7 % de los votos según los resultados oficiales validados por la Corte Suprema, en un proceso electoral en el que muchos principales líderes de la oposición no pudieron participar o estaban directamente en el exilio, por lo que el actual presidente contó con una oposición electoral muy débil.
La transición de Doumbouya de jefe de la Junta a presidente constitucional ha sido posible gracias a una nueva Constitución aprobada por referéndum, a través de la que se eliminó la prohibición a los militares a presentarse como candidatos y extendió los mandatos presidenciales de cinco a siete años. En su discurso inaugural, Doumbouya ha prometido respetar la Constitución, trabajar en la unidad nacional y enfrentar los desafíos de gobernanza del país. Analistas de dentro y fuera del país han denunciado que el proceso electoral careció de verdadera competencia democrática y que la victoria del militar golpista fue favorecida por su control del poder y la exclusión de la oposición.
Guinea, a pesar de ser una zona rica en recursos minerales, enfrenta significativos retos socioeconómicos, entre ellos la pobreza y la inseguridad alimentaria que afecta a gran parte de su población. Mientras algunos ciudadanos ven en la llegada de Doumbouya a la presidencia una oportunidad para la estabilidad y el desarrollo económico, otros describen el proceso como una farsa electoral que legitima el poder del exlíder militar sin abrir verdaderos espacios para la disidencia política.
Fuente: Qiraat
[CIDAF-UCM]
