La facilidad con que las Fuerzas armadas de la RDC han vencido a los rebeldes del M23 ha suscitado algunos interrogantes en ciertos ambientes. Con un poco de perspectiva ahora se sabe lo que ha ocurrido en el frente del Este. La derrota del M23es el resultado de las fuertes presiones diplomáticas ejercidas en particular sobre Ruanda, el principal apoyo del M23. La presión llegó a tal extremo que los jefes de la diplomacia americana y británica han dado personalmente la orden al presidente ruandés, Paul Kagame, de no apoyar con refuerzos al M23. Esto prueba que una nueva dinámica se instala en adelante en la región de los Grandes Lagos.

En menos de una semana, las Fuerzas armadas de la RDCongo, con el apoyo de la Brigada especial de intervención de las Naciones Unidas, han expulsado a los rebeldes del M23 de sus posiciones estratégicas, que ocupaban en los territorios bajo su control desde hace un año. Esta derrota del M23 se ha producido a tal velocidad, que algunos se preguntan por las causas reales del desastre. Para un movimiento rebelde, que ha resistido durante bastante tiempo a varios ataques de las FARDC, había motivo para plantearse estos interrogantes. Hoy la verdad comienza a manifestarse finalmente. Se sabe lo que desde la pasada semana ha acontecido en el frente del Este. Es conocido que Ruanda se preparaba abiertamente para la guerra, pues estaba amontonando armas y material en la frontera de la RDCongo y de hecho no ha intervenido en la última ofensiva de las FARCD y de la brigada especial de las Naciones Unidas. En realidad, llegó una orden directamente de los EE.UU. y de la Gran Bretaña amenazando al presidente ruandés, P. Kagame, si no se quedaba fuera del conflicto. Esto explica el silencio de Kigali y su inacción ante la derrota de su aliado el M23.

UNA NUEVA DINÁMICA

Estas revelaciones pertenecen al periódico británico, Daily Telegraph. Según este tabloide, el jefe de la diplomacia americana, John Kerry, y su homólogo británico, William Hague, llamaron a Kagame por teléfono separadamente, el mismo día, 25 de octubre, dándole la orden de no enviar sus tropas en auxilio del M23. Según el mismo periódico, William Hague, ministro británico de Asuntos Exteriores, fue quien llamó primero a Kagame por la mañana y después lo hizo el secretario de Estado norteamericano.

No es por casualidad, que Ruanda se ha quedado pasiva ante la nueva ofensiva realizada contra los rebeldes. Hasta ahora todas las acciones militares lanzadas contra las posiciones del M23 chocaron con una fuerte presencia de militares del ejército de Ruanda incorporados en el M23. Esta vez no ha sido así. La razón es muy sencilla: La mano invisible de Londres y de Washington ha intervenido. Lo que no desmiente el valor de las FARDC, que han luchado con bravura para recuperar los territorios ocupados por el M23. Las revelaciones del Daily Telegraph nos confirman un hecho: La situación ha cambiado. La política que llevan a cabo los Gran Bretaña y los EE.UU. con relación a Ruanda ha evolucionado. Estos dos países dejan menos margen de maniobra a Paul Kagame. Ya decíamos en una edición precedente, que el presidente Obama ha pesado con toda su influencia en este “balanceamiento” político. Pero ¿por qué esperaron tanto tiempo para cambiar de política en la región de los Grandes Lagos? ¿Hacían falta tantos muertos, seis millones, para decidir a Londres y Washington? Interrogantes que se plantea la gente. Pero, lo más importante es que Londres y Washington han comprendido finalmente cuales son los verdaderos retos de la región. Obligando a Kagame aquedarse fuera de juego en la ofensiva contra el M23, los dos gobiernos han lanzado al presidente de Ruanda un mensaje grave, que ciertamente ha comprendido como un ultimátum. Kagame se está jugando su permanencia como dirigente de la región y se le da un plazo para que el régimen siga navegando en una zona de turbulencias. Las FARDC están haciendo una buen a limpieza.

Sobre el frente del Este las noticias que llegan son buenas. Varias fuentes confirman que el ejército congoleño tomó el lunes, día 4, la colina de Mbuzi, una de las últimas posiciones donde los rebeldes del M23 se habían atrincherado. Atrapados en una operación de tenaza, el M23 decretó el domingo,3 de noviembre, el alto el fuego unilateral que, por desgracia, no tuvo efecto sobre el avance de las FARDC. En un comunicado, difundido el lunes 4, el ministro de la Comunicación y portavoz del gobierno, Lambert Mende, exigió que el M23 haga “un anuncio claro, escueto y sin ambigüedad del final de la rebelión armada.”

Por su parte, frente a la nueva explosión de violencia entre el M23 y el Estado Congoleño, los enviados especiales de la Comunidad Internacional para la región de los Grandes Lagos, Martin Kobler (MONUSCO), Mary Robinson (ONU) Boubachar Diarra (UA), Koen Vervaecke (UE), han renovado su llamamiento para la pacificación, justamente cuando se inauguraba en Pretoria, según informa AFP, la cumbre regional africana consagrada a la situación en la RD Congo.

En todo caso, la mano invisible de Londres y de Washington en la transformación de la situación es un mensaje en dirección a los dirigentes de la región de los Grandes Lagos. Porque después de haber sostenido la guerra de Kagame en la región, los EE.UU. y Gran Bretaña han decidido finalmente reorientar su policía extranjera con relación a Ruanda. La población, que continúa pagando el más pesado tributo, espera ahora juzgarlos por sus actos para convencerse de su sinceridad.

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(Traducido por Antonio Molina Molina)