Al menos 7 personas han resultado muertas, entre ellas una mujer embarazada, tras el ataque suicida con coche bomba estalló en la iglesia católica de Finbarr, en Jos, Nigeria, desencadenado ataques de represalia en los que murieron 10 personas, linchadas por la multitud, en diversas partes de la ciudad.
La explosión ocurrió a las 10.30 de la mañana más o menos, cuando un hombre se acercó a la iglesia con un opel Vectra, pero fue detenido por el personal de seguridad de la iglesia para ser registrado.
Los testigos dicen que los voluntarios “boy Scout” de la puerta evitaron que el hombre entrase con el coche en la iglesia, se produjo una discusión seguida de la explosión, que mató al conductor y a cuatro de los muchachos. Además, la explosión mató a una mujer embarazada y a un niño de unos 8 meses, que se cree estaban dentro del recinto de la iglesia.
El portavoz de la policía del estado de Plateau informó de 10 muertos y otros 10 heridos en el hospital.
Poco después de la explosión, grupos de jóvenes cristianos intentaron quemar una mezquita cercana a la iglesia atacada, pero los efectivos de la fuerza Especial, que ya habían llegado a la zona, se lo impidieron.
Algunos informes desde diferentes puntos de la ciudad apuntan que podrían haber muerto en los ataques de represalia hasta 10 personas musulmanas, según el comisario de Sanidad de Plateau, Sati Dakwat. La mayoría de las 10 personas asesinadas en represalia se cree que eran conductores de bici-taxi, conocidos como achaba.
Un vendedor de nuez de cola, declaró al Daily Trust que había visto el cuerpo de un vendedor de agua en su mismo mercado, que “había sido golpeado hasta la muerte”.
El jefe de la Asociación de Ganaderos Miyetti Allah de Nigeria, en el estado de Plateau, Malam Muhammad Nura, declaró que habían desaparecido dos pastores y otro había resultado herido durante los ataques de represalias.
Nura condenó las represalias, afirmando que “siempre se ataca a pastores inocentes cada vez que pasa algo de lo que ellos no tienen ni idea”, alegó.
Pero el portavoz de la policía aseguró que ellos no tenían ninguna información sobre ataques de represalia.
El arzobispo católico de la diócesis de Jos, monseñor Ignatius Kaigama, que se desplazó a la iglesia poco después de la explosión, describió el ataque bomba como una manifestación del mal. “Se le está robando a la gente su fe, pero los ladrones de fe no quedarán impunes”, aunque después pidió calma.
Por Andrew Agbese y Mahmud, desde Jos y Abdulkadir Badsha Mukhtar
The Trust
