En Diembéring, Senegal, las mujeres lideran los esfuerzos comunitarios para combatir la deforestación y restaurar los ecosistemas utilizando el conocimiento tradicional. La ingeniera agroforestal Aïssatou Keita Sissokho y su grupo capacitan a más de 500 mujeres en agricultura sostenible y reforestación, restaurando más de 100 hectáreas de tierra. También crean productos con valor añadido a partir de plantas como la moringa, ayudando a las mujeres a lograr su independencia económica. En regiones como Ziguinchor y Kolda, las mujeres utilizan métodos ancestrales para combatir el cambio climático, proteger el suelo y gestionar la salinidad del agua. Estas iniciativas empoderan a las mujeres como líderes y protegen el medio ambiente para las generaciones futuras.
El sol brilla con fuerza en la Baja Casamance. En Diembéring, una aldea en Senegal situada a 60 kilómetros de Ziguinchor, el aire se eriza con calor. Sin embargo, bajo el cobijo de árboles centenarios, la vida se mueve con serena determinación. Los pájaros cantan, el viento susurra entre las hojas y resuenan las alegres voces de mujeres. En este vibrante paisaje, donde tradición se une a resiliencia, las mujeres se unen para reforestar la tierra y salvaguardar los ecosistemas locales.
En Senegal, la deforestación se está acelerando, impulsada por la tala excesiva, la rápida urbanización y la agricultura intensiva. En respuesta, Aïssatou Keita Sissokho y sus colegas lideran iniciativas comunitarias de reforestación en múltiples regiones, aprovechando el conocimiento tradicional y con el apoyo del Centro Ecológico Albert Schweitzer.
Sissokho, ingeniera agroforestal y presidenta de Action Citoyenne pour le Développement (ACD), representa a una nueva generación de mujeres arraigadas a la tierra y comprometidas con soluciones sostenibles. Afirma: «Este conocimiento tradicional es un tesoro que debe ser protegido». Explica que, en las tradiciones locales, los manglares como Rhizophora y Avicennia ayudan a combatir la salinización del agua. Sus mayores también seguían los calendarios lunares para guiar los calendarios de siembra y utilizaban técnicas de acolchado para preservar la humedad del suelo y mejorar su fertilidad con fertilizantes naturales a base de ceniza y estiércol.
En la región de Saloum, Sissokho colabora con las mujeres para preservar y promover el conocimiento agrícola tradicional. Más de 500 mujeres rurales han recibido capacitación en prácticas agrícolas sostenibles, combinando cultivos alimentarios con especies que enriquecen el suelo, como la moringa y el guandú, para mejorar la productividad y la salud de suelo en sus fincas.
Estima que sus esfuerzos han llevado a la reforestación de 105 hectáreas de tierras agrícolas de familias. Cada año, su organización también distribuye 400 plántulas a diferentes hogares rurales de la zona.
Las mujeres también procesan estas plantas para obtener productos con valor añadido. La moringa, por ejemplo, se utiliza para elaborar suplementos dietéticos, jabones y otros productos. Algunas mujeres se han convertido en capacitadoras, creando redes comunitarias de aprendizaje. Esta dinámica no solo transforma a las mujeres, sino que también impulsa a sus comunidades, genera ingresos, educa a sus hijos y reinvierte en otros emprendimientos.
Aminata Diatta, una mujer de 38 años, es un ejemplo de ello. Tras recibir capacitación sobre el procesamiento de la moringa, puso en marcha una pequeña unidad de procesamiento de moringa. Ella afirma: “Hoy soy económicamente independiente gracias a mi trabajo. Contribuyo a los gastos de mi hogar”. Gana hasta 80.000 francos CFA (unos 143 dólares) al mes.
En Ziguinchor, Sédhiou y Kolda, mujeres como Jinette Badji, miembro de la Asociación Eco-Rural para Capacitación y Desarrollo Local, se movilizan también para combatir el cambio climático utilizando el conocimiento tradicional. Badji explica que estas mujeres aplican técnicas ancestrales como la construcción de diques tradicionales, la preservación de variedades de semillas de familia y la producción de compost natural. También plantan árboles para frenar la intrusión de agua de mar y restablecer el equilibrio del suelo. Ella comenta: “La sal está invadiendo nuestros arrozales. Por eso, cada año replantamos manglares de Rhizophora y Avicennia. Este conocimiento nos lo transmitieron nuestras madres y abuelas”.
Badji señala que, más allá del impacto ambiental, las iniciativas de estas mujeres rurales promueven inclusión social y liderazgo femenino. Han sido reconocidas como portadoras de soluciones en sus comunidades. Ella dice: “Hoy, los jefes de aldea nos consultan. Participamos en la toma de decisiones. Eso lo cambia todo”.
Según la Agencia Nacional de Estadística y Demografía de Senegal (ANSD) y ENDA Pronat, miembro de la red Enda Tercer Mundo, el 70 % de las mujeres participan en agricultura y gestión forestal en Senegal. Poseen conocimiento sobre más de 200 especies en vegetales locales esenciales para la seguridad alimentaria y la salud. Para Sissokho, más allá de los árboles que plantan, se trata de una nueva mentalidad que se está arraigando. Ella afirma: “Cada árbol que plantamos es un acto de resistencia. Queremos dejar una tierra viva para nuestros hijos. Y lo haremos, raíz a raíz”.
Fuente: Barza Wire
[Traducción, Jesús Esteibarlanda]
[CIDAF-UCM]


