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Inicio > Bitácora africana >

Muñoz Abad, Rafael

Cuando por primera vez llegué a Ciudad del Cabo supe que era el sitio y se cerró así el círculo abierto una tarde de los setenta frente a un desgastado atlas de Reader´s Digest. El por qué está de más y todo pasó a un segundo plano. Africa suele elegir de la misma manera que un gato o los libros nos escogen; no entra en tus cálculos. Con un doctorado en evolución e historia de la navegación me gano la vida como profesor asociado de la Universidad de la Laguna y desde el año 2003 trabajando como controlador. Piloto de la marina mercante, con frecuencia echo de falta la mar y su soledad en sus guardias de inalcanzable horizonte azul. De trabajar para Salvamento Marítimo aprendí a respetar el coraje de los que en un cayuco, dejando atrás semanas de zarandeo en ese otro océano de arena que es el Sahel, ven por primera vez la mar en Dakar o Nouadhibou rumbo a El Dorado de los papeles europeos y su incierto destino. Angola, Costa de Marfil, Ghana, Mauritania, Senegal…pero sobre todo Sudáfrica y Namibia, son las que llenan mis acuarelas africanas. En su momento en forma de estudios y trabajo y después por mero vagabundeo, la conexión emocional con Africa austral es demasiado no mundana para intentar osar explicarla. El africanista nace y no se hace aunque pueda intentarlo y, si bien no sé nada de Africa, sí que aprendí más sentado en un café de Luanda viendo la gente pasar que bajo las decenas de libros que cogen polvo en mi biblioteca… sé dónde me voy a morir pero también lo saben la brisa de El Cabo de Buena Esperanza o el silencio del Namib.

@Springbok1973

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The Wagner Group, los malotes de Putin, por Rafael Muñoz

22 de julio de 2022.

Con nombre de cuarteto de chelo y violín, nada tiene que ver con la música clásica, pues sus instrumentos son las versiones más modernas de la mítica guitarra de plomo: el AK-47, “cariñosamente” conocido como el kalaka. Los vacíos tienden a ocuparse de manera natural, o incluso antinatural, caso de la irresponsable retirada de las tropas francesas de la franja del Sahel que dejará al ejército español como último garante en la zona. Descampado sahariano del que debería preocuparse más Europa, ahora hipnotizada por el episodio ucraniano, pues la franja sahariana no solo es un vivero ideológico de corrientes integristas donde se cocinarán algunos de los futuros atentados islamistas, sino porque también vertebra las rutas de la inmigración ilegal hacia Libia.

El antinatural repliegue francés de su zona de influencia y el interés de las corporaciones militares “privadas” cercanas a Moscú, redibujan el equilibrio de fuerzas en los vacíos del Sahara que conciernen a Malí, Níger, y Chad. La vieja teoría de la françafique poscolonial no ha sabido reinventarse más allá de un paternalismo que ya no da para más en plena globalización, y que va siendo sustituida por las seductoras manufacturas baratas con las que China penetra en el continente negro, y ahora con las discretas muñecas rusas militares. Moscú no puede ofrecer los productos asequibles que Beijing, juntamente con obra pública e infraestructuras, sí que pone a disposición de los volátiles gobiernos africanos a cambio de materias primas, razón por la que ofrece su asesoramiento militar usando entes como Wagner de intermediarios.

Salvo Rusia, no hay nada nuevo en el complicado horizonte geoestratégico del Sahel. Las aventuras militares privadas en África nos remontan al célebre grupo sudafricano Executive outcomes, con bautismos de fuego en Angola y Sierra Leona; quizás la primera y más popular de las empresas privadas con tarifas ofrecidas a varios gobiernos africanos para solventar cuestiones de inseguridad interna, incluso a Naciones Unidas para evitar el genocidio ruandés entre hutus y tutsis de 1994.

Putin invadió Ucrania con los medios de testigos, pero la discreta penetración de sus empresas militares privadas en el Sáhara es una pica en Flandes que levanta muy poco polvo. La guerra fría mutó para sobrevivir, y su más reciente cepa africana, a dos horas en avión de Canarias, es la irrupción rusa en un escenario donde tradicionalmente los chicos blancos hablaban francés y español. La injerencia rusa en África no tendrá tintes políticos, pero sí buscará generar tratos de favor comerciales para la industria armamentística rusa ansiosa de contratos internacionales como llave que le abra la presencia africana que perdió con el derrumbe de la URSS.

El Kremlin y los pasillos más ocultos del opaco edificio estatal ruso, manejado por oligarcas, los cuales actúan sin implicar administrativamente a Rusia, donde la omnipresencia del ejército del Estado hace ilegal el nacimiento de aventuras militares privadas, ha visto en las llamadas PMCs (Private Military Campanies), discretas herramientas de influencia más allá de sus fronteras en zonas, o países estratégicos, que digamos quedan “libres” de la influencia de occidente. A cambio, siempre y cuando logre sus contratos, se hace el chino y promete no inmiscuirse en los asuntos domésticos de los africanos y demás obsesiones doctrinarias del buenismo bruselista como esas cosas de la transparencia democrática.

Se relaciona al grupo Wagner con la oscura oligarquía que rodea a Putin, los altos militares de la gran empresa pública que es el ejército ruso, y su omnipresente lobby armamentístico. Pero Wagner no es flor de un día, ya en la guerra de Siria operó E.N.O.T. Corporation, y Feraks group lo hizo en Irak, Afganistán, Kurdistán, y Sri Lanka. Igualmente, Slavonic Corps (2013), predecesor de Wagner, con sede en Hong Kong, y ligada al ente Moran Security Group, habría sido contratada por Damasco para tener asesoramiento militar contra el Estado Islámico. Y esa es otra de las estrategias de las neo-entidades privadas militares rusas, asesorar a gobiernos débiles, caso de Malí, en su lucha contra facciones armadas internas respaldando al gobierno que los contrata; siendo los servicios de mercenarismo y venta de material militar, con la consiguiente ganancia de influencia regional, la contrapartida que los intereses rusos buscan en un área de influencia en la que antes imperaba occidente. Se llama relevo, o dejadez europea. La huida de Francia del Sahel se suma a la larga lista de graves errores europeos en África.

El grupo Wagner no tiene sede social en Rusia, y de jure no existe, pues no tiene dirección fiscal, ni web, ni nada al uso de una entidad que ofrezca un servicio. Los vacíos legales en el derecho de guerra internacional, y la evidente opacidad del sistema legal ruso, le permiten subsistir como lo hizo en África Executives Outcomes.

Algunas de las derivadas más importantes para Canarias de este nuevo escenario podrían ser que la figura de Marruecos saldría reforzada como único aliado políticamente estable del Magreb para occidente, lo cual supondrá ceder, aún más, ante la insaciable lista de antojos, y también hoja de ruta territorial de Rabat, en la que ya está incluida el Sahara y sus cuestiones adyacentes en forma de ampliación de su Zona Económica Exclusiva, pesca industrial, y concesión de contratos energéticos y de prospecciones submarinas. Malas cartas tienen Canarias y España en este envite, y tampoco sería descartable que el archipiélago se convertiría en un importante centro de operaciones militares de la OTAN de cara a lo que pueda acontecer en el Sahel.

Rafael Muñoz Abad (CEAULL) - @Springbok1973

[CIDAF-UCM]



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