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De los 10 conflictos más mortales que existen hoy en día, tres se encuentran en África
09/02/2017 -

Febrero 2017

Los conflictos son muchas veces impredecibles, y a día de hoy aún más. El Presidente del International Conflict Group, (ICG) Jean-Marie Guéhenno, ha redactado un informe en el cual se examinan los 10 conflictos más álgidos del 2017, y describe que la mezcla entre volatilidad y impredecibilidad se dan más a menudo. De estos 10 conflictos, tres se encuentran en el continente africano.

El mundo está entrando en su capítulo más peligroso de las últimas décadas. El rápido aumento del número de conflictos estos años supera nuestra capacidad para hacerle frente a las consecuencias. Empezando por la crisis global de los refugiados entre Europa y Oriente Medio, hasta la amplia propagación del terrorismo yihadista, hemos fracasado de manera colectiva en resolver los conflictos que están creando futuras amenazas y situaciones de emergencia difíciles de solucionar. Incluso en las sociedades que considerábamos pacíficas y estables, la política del miedo está llevando a una peligrosa polarización y demagogia.

Uno de los hechos que marcarán el panorama geopolítico de los próximos años es la reciente victoria de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos. Se ha hablado mucho sobre las incógnitas de la agenda política exterior del nuevo Presidente estadounidense, y esta incertidumbre puede resultar ciertamente desestabilizadora. Esto aumenta si tenemos en cuenta que involucra a uno de los actores más poderosos de la escena global. De momento, los aliados tradicionales de Estados Unidos, como Europa y muchos Estados del este asiático, analizan paso a paso las acciones de Trump y los disparates ocasionales que suelta en su cuenta de Twitter. ¿Acordará políticas con Rusia, dejando a los europeos en una situación de vulnerabilidad? ¿Está comenzando una nueva carrera armamentística? Quién sabe…

Y ese es precisamente el problema.

Ya antes de Trump…

Los últimos 60 años también han sufrido enormes crisis, desde la guerra de Vietnam, hasta Ruanda y considerando también la invasión de Iraq. La visión de un orden internacional cooperativo surgida tras la Segunda Guerra Mundial, y liderada prácticamente por los Estados Unidos, ha estructurado las relaciones entre las dos grandes potencias desde el final de la Guerra Fría.

Este orden está en cambio constante desde mucho antes de que Trump ganase las elecciones. El atrincheramiento de Washington, tanto para bién como para mal, comenzó durante la presidencia de Barack Obama. Sin embargo, Obama trabajó para que la brecha o el cambio existente pudiera llenarlo el cuerpo de organizaciones internacionales existentes. Aun así, hoy por hoy no podemos asegurar que en los Estados Unidos, los votantes del lema “los Americanos Primero” (“America First”) faciliten el camino hacia un sistema internacional cooperativo.

Cuando el poder duro o “hard power” y el poder blando o “soft power” de los Estados Unidos está claramente separado debido a sus intenciones, la mayor parte de los actores del panorama internacional lo percibe como una amenaza global.
En Europa, la incertidumbre sobre la nueva postura política de Estados Unidos se ve agravada por las desordenadas consecuencias del Brexit. Asimismo, los partidos nacionalistas están ganando fuerza en Francia, Alemania, España y los Países Bajos, que pondrán en duda el futuro del proyecto europeo. El despliegue potencial de la Unión Europea es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos hoy.
Las exacerbadas rivalidades regionales también están transformando el paisaje, como es particularmente evidente en la competencia entre Irán y los países del Golfo Pérsico por su influencia en Oriente Medio.

Muchos líderes mundiales confían en que el camino para sobrepasar esas diferencias es unir fuerzas en la lucha contra el terrorismo yihadista. Sin embargo, esta “unión” es una simple ilusión: el terrorismo es una táctica, y la lucha contra una táctica no puede definir una estrategia. Los grupos terroristas aprovechan el estado de guerra, el colapso de las instituciones y el caos Estatal para consolidar su poder. Al fin y al cabo, lo que de verdad necesita el sistema internacional es una estrategia de prevención de conflictos que aspire, de manera inclusiva, a todos los Estados que la constituyen. El sistema internacional necesita más que un amigo en común para mantenerse unido.

El enfoque rígido de Pekín en sus relaciones con otros países asiáticos y con África y América Latina muestra cómo se verá un mundo privado de tranquilidad para Estados Unidos. Tales acuerdos transaccionales pueden resultar en el renacer de la realpolitik. Pero es improbable que un sistema internacional guiado por la negociación a corto plazo permanezca estable. Las ofertas pueden romperse cuando no reflejan estrategias a largo plazo. Sin un orden predecible, reglas ampliamente aceptadas, e instituciones fuertes, el margen de maniobra para realizar equívocos es mayor. El mundo es cada vez más multipolar, y se ve empujado y arrastrado por un conjunto diverso de Estados y actores no Estatales, como pueden ser los grupos armados o incluso la sociedad civil. En un mundo en aumento, las grandes potencias no pueden contener ni controlar los conflictos locales, sino que pueden manipular o ser atraídos hacia ellos: Los conflictos locales pueden ser la chispa que enciende fuegos otros mucho más grandes, y más peligrosos.

Nos guste o no, la globalización es un hecho. Todos estamos conectados. La guerra de Siria desencadenó una crisis de refugiados que contribuyó al Brexit, cuyas profundas consecuencias políticas y económicas volverán a extenderse hacia el exterior. Los países tal vez deseen volverse hacia adentro, o incluso cerrar sus fronteras, pero no hay paz y prosperidad sin una gestión más cooperativa de los asuntos mundiales.

EL GRAN SAHEL Y LA REGIÓN DEL LAGO CHAD

Los distintos conflictos que se aglomeran en la zona del lago Chad han contribuido al aumento del sufrimiento humano: más de 4,2 millones de personas han sido arrebatadas de sus hogares. Distintos grupos yihadistas, armados y redes criminales compiten por el poder de esta región hundida en la pobreza, donde las fronteras están vagamente establecidas y los Gobiernos tienen un alcance muy limitado.

En 2016, los yihadistas del Sahel Central lanzaron ataques mortales en el oeste de Níger, Burkina Faso y Costa de Marfil, lo que subraya la vulnerabilidad de la región.

Al Qaeda en el Magreb Islámico y al Murabitún (rama de al Qaeda en África Occidental ) permanecen activos en la zona, y a su vez, se está comenzando a desarrollar un nuevo grupo que reivindica su afiliación a ISIS. Parece probable que los ataques a civiles continúen, así como contra las fuerzas nacionales e internacionales. La misión de paz de las Naciones Unidas en Malí es considerada la más peligrosa de todas. Desde el año 2013, más de 70 personas de esta misión han sido asesinados en acciones terroristas .

Malí podría enfrentar una gran crisis este año, ya que la implementación del acuerdo de paz de 2015 en Bamako amenaza con detenerse. La reciente ruptura de la principal alianza rebelde en el norte, la Coordinación de Movimientos de Azawad, ha contribuido a la proliferación de grupos armados y la violencia se ha extendido al centro de Malí.

Las potencias regionales deberían aprovechar la próxima cumbre de la Unión Africana para retomar el proceso de paz y, posiblemente, incorporar a grupos que actualmente están excluidos. Argelia, un importante actor de estabilidad en la región, tiene en su mano el poder de mediador para conseguir alcanzar un acuerdo entre todas las partes.

En la cuenca del lago Chad las fuerzas de seguridad de Nigeria, Níger, Camerún y Chad han intensificado su lucha contra las insurgencias de Boko Haram. A finales de diciembre, el Presidente nigeriano anunció la "trituración final de los terroristas de Boko Haram en su último enclave" en el bosque de Sambisa. Sin embargo, el grupo no ha sido vencido. Una disputa de liderazgo ha dividido el movimiento yihadista, pero permanece resistente y agresivo. Aunque la atención internacional se ha centrado en el secuestro y el abuso de mujeres y niñas por parte de Boko Haram, los políticos también deben señalar que algunas mujeres se unieron voluntariamente al movimiento en busca de oportunidades económicas y sociales. Entender las diversas formas en que las mujeres experimentan el conflicto debe informar directamente sobre las estrategias para abordar las raíces de la insurgencia.

La insurgencia de Boko Haram, la respuesta militar agresiva a la misma y la falta de asistencia efectiva a las personas atrapadas en el conflicto amenazan con crear un ciclo interminable de violencia y desesperación. Si los gobiernos regionales no reaccionan responsablemente ante el desastre humanitario, podrían alienar aún más a las comunidades y sembrar las semillas de la futura rebelión. Los Estados también deben invertir en el desarrollo económico y fortalecer la gobernanza local para cerrar las oportunidades para los grupos radicales.

LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

La República Democrática del Congo recibió buenas noticias poco antes de la medianoche de la víspera de Año Nuevo cuando los obispos católicos anunciaron que se había alcanzado un acuerdo para resolver la crisis política del país.

El Presidente Joseph Kabila aún no ha firmado el acuerdo, que le obliga a renunciar después de las elecciones, antes de finales del año 2017. A pesar de los altos niveles de desconfianza entre las partes, el acuerdo mediado por la Iglesia Católica Congolesa sigue siendo lo mejor que se ha conseguido estos últimos años. Esto significa que existen oportunidades para crear un camino hacia la estabilidad y la paz. El desafío general ahora es prepararse para las elecciones y una transición pacífica en el corto plazo, para lo cual un respaldo internacional sólido es esencial.

La determinación de Kabila en aferrarse al poder más allá de su segundo mandato, desafiando la Constitución congoleña, se encontró con la oposición significativa y las protestas callejeras volátiles a lo largo de 2016, así como una importante amenaza de violencia. La corrupción endémica del Congo y la política de que “el triunfador se lleva todo” significan que la comitiva de Kabila tiene mucho que perder, por lo que no puede dejarlo ir fácilmente.

Los poderes africanos y occidentales necesitan coordinar sus esfuerzos para retirar a la Reública Democrática del Congo del borde del abismo y evitar una mayor inestabilidad regional. MONUSCO, la mayor misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, no tiene la capacidad para enfrentar tales desafíos y sería más eficaz con un mandato más restringido, alejándose del fortalecimiento institucional y hacia buenos oficios y la monitorización de derechos humanos.

El pasado mes de septiembre, al menos 53 personas fueron asesinadas, en su mayoría por fuerzas de seguridad, cuando las manifestaciones contra el gobierno de Kabila se volvieron violentas. Los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y manifestantes en varias ciudades el 19 y 20 de diciembre mataron al menos a 40 personas. Es probable que la violencia continúe si se vuelven a postergar las elecciones. La principal coalición de la oposición, la Rassemblement, estará preparada para aprovechar el poder de la calle para tratar de forzar a Kabila de abandonar su puesto. La tensión política en Kinshasa también está contribuyendo al aumento de la violencia en los pequeños grupos a lo largo de todo el país.

SUDÁN DEL SUR

Después de tres años de guerra civil, el país más joven del mundo sigue atormentado por múltiples conflictos. Las querellas contra el gobierno central y los ciclos de violencia étnica alimentan la lucha que ha desplazado a 1,8 millones de personas y ha obligado a 1,2 millones a huir del país. Ha aumentado la preocupación internacional por los informes de atrocidades masivas y la falta de progreso hacia la implementación del acuerdo de paz de 2015. En diciembre, el Presidente Salva Kiir pidió un nuevo cese al fuego y un diálogo nacional para promover la paz y la reconciliación. El éxito de estos esfuerzos depende de que el gobierno de transición esté dispuesto a negociar de manera justa con grupos armados individuales y a comprometerse con las comunidades descontentas más pequeñas.

El acuerdo de paz, que respalda la comunidad internacional, se descarriló en julio de 2016, cuando la lucha estalló en Juba entre las fuerzas gubernamentales y los ex rebeldes. El líder de la oposición y el antiguo vicepresidente Riek Machar, que recientemente regresó a Juba bajo los términos del acuerdo, huyó del país. Desde entonces, Kiir ha fortalecido su posición en la capital y en la región en su conjunto, lo que crea una oportunidad para promover negociaciones con elementos de la oposición armada, incluidos grupos que actualmente están fuera del gobierno de transición.

La situación de seguridad en Juba ha mejorado en los últimos meses, aunque los enfrentamientos y la violencia étnica continúan en otros lugares. Los esfuerzos diplomáticos internacionales se centran en el despliegue de una fuerza de protección regional de 4.000 personas, una distracción que no hará mucho para sofocar un brote de violencia mayor y conseguir que el compromiso político profundice en lo necesario para conseguir la paz.

La misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en el Sudán Meridional, la UNMISS, necesita una reforma urgente. Esto se ha visto con claridad después de demostrar su incapacidad de proteger a los civiles durante los espasmos de violencia del pasado mes de julio en Juba. Un destello de esperanza se ve al fondo del túnel. Se está llevando a cabo un acercamiento (lento pero constante) entre Sudán del Sur, Uganda y Sudán, y esto podría un día ayudar a garantizar una mayor estabilidad en la región.

Jean-Marie Guéhenno

Roguechiefs

Traducción: Cristina Pérez-Cerdá Maldonado

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